De tarjas y pintaderas (1/2)

Pintaderas Verneau

Parte de las pintaderas estudiadas por el profesor René Verneau (fuente: VERNEAU (1883), lám. VI).

Motivo destacado de estudio y análisis por parte de la arqueología canaria son los objetos de factura indígena conocidos como pintaderas. Estas consisten en unos pequeños utensilios de barro cocido –terracota– o madera que presentan diversos motivos geométricos de complejidad variable –triángulos, círculos, rectángulos, líneas quebradas– incisos, excisos e/o impresos sobre una superficie plana de contorno circular o poligonal denominada campo y generalmente dotados de un apéndice, a menudo perforado por uno o más orificios.

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Las siete Partidas

Alfonso X de Castilla

El rey Alfonso X de Castilla representado en una miniatura de las Cantigas de Santa María (fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes).

Al apenas guardar relación alguna con la historia de las Islas Canarias, podemos decir que hoy vamos a colar un intruso en este proyecto. Por supuesto, no sin una buena razón.

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Los 520 esplendores de la luna

Jarra indígena procedente de Agüimes (Gran Canaria), conservada en El Museo Canario con el número de registro 260. Muestra un soliforme y un presunto eclipse (fuente: El Museo Canario).

En la historiografía canaria es muy conocido el legendario episodio de la incursión del capitán portugués Diogo da Silva de Meneses sobre la aldea indígena grancanaria de Agaldar.

Tras desembarcar al amparo de la noche, la expedición luso-castellana, compuesta por unos doscientos efectivos, trató infructuosamente de arrasar la población isleña al amanecer quedando en su lugar atrapada por un contingente de hombres de pelea que la triplicaba en número. Cercados en un amplio recinto de altos muros de piedra seca, los invasores permanecieron encerrados allí dos días y una noche hasta que el guanarteme –jefe supremo– de Agaldar, tío del futuro Fernando Guanarteme, accedió a parlamentar con Diogo da Silva. Cuentan las crónicas que tras echarle en cara al portugués su osadía y contraviniendo el deseo de sus propios guerreros de acabar con las vidas de todos los sitiados, el líder indígena simuló caer en poder de los europeos para facilitar la liberación de estos, de quienes se dice que a consecuencia de este acto supuestamente piadoso comenzaron a llamarle Guanarteme el Bueno.

Pero no nos interesa desglosar aquí las diferentes versiones de este relato, desde la más sobria y corta ofrecida en la Crónica Ovetense[1]MORALES (1978), pp. 116-119. hasta la novelesca revisión de Leonardo Torriani,[2]TORRIANI (1959), pp. 120-126 sino llamar la atención sobre un dato curioso que aporta este ingeniero cremonés en el barroco discurso que hace pronunciar al jefe isleño. El pasaje concreto es el siguiente:

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Esenciales (VI): Historia de Nuestra Señora de Candelaria

Portada de Historia de Nuestra Señora de Candelaria (fuente: Memoria Digital de Canarias).

Esto es lo que de las costumbres de los naturales he podido, con mucha dificultad y trabajo, acaudalar y entender; porque son tan cortos y encogidos los guanches viejos que, si las saben, no las quieren decir, pensando que divulgarlas es menoscabo de su nación.

Fray Alonso de Espinosa (Del origen y milagros de la Santa Imagen de nuestra Señora de Candelaria […] (1594), Libro I, Capítulo IX) 

A falta de una crónica específica sobre la conquista de Tenerife, la obra del fraile dominico Alonso de Espinosa (Alcalá de Henares, 1543 – ?, c. 1600) puede considerarse como la primera historia escrita sobre la isla del Teide, así como el segundo libro llevado a imprenta dedicado a las Islas Canarias.[1]El primer libro impreso que trata sobre el Archipiélago data de 1583 y lleva por título, en su traducción al español, Descripción de las Islas Afortunadassiendo su autor el mercader inglés Thomas Nichols.

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El estatuto de matar las niñas

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Indígenas de Gran Canaria según recreación de Leonardo Torriani (s. XVI) (fuente: Biblioteca Geral da Universidade de Coimbra, signatura Ms. 314, folio 36v.)

En el seno de las sociedades prósperas, el control demográfico es asunto que inspira debates ligados a consideraciones éticas, morales y religiosas, casi siempre distorsionados por la coyuntura de un estado de bienestar al que se le supone una durabilidad indefinida. Pero en las comunidades humanas sometidas a factores limitantes, sean temporales o permanentes, de índole productiva –escasez de agua potable, de terrenos cultivables y/o pastos–,  medioambiental –plagas, epidemias, sequías, inundaciones, incendios– o política –guerras–, la supervivencia de las mismas podría depender en gran parte de la aplicación de medidas restrictivas sobre la tasa de natalidad, si bien es cierto que, en muchas ocasiones, estas buscan favorecer los intereses de los estamentos privilegiados mediante la eugenesia o selección de los individuos considerados más convenientes.

En la historiografía canaria, concretamente en Gran Canaria, es paradigmático el llamado estatuto de matar las niñas, así denominado por su referente más conocido, fray Juan de Abreu Galindo:

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Esclavos canarios en Valencia (homenaje a Vicenta Cortés Alonso)

La profesora Vicenta Cortés Alonso en Colombia junto a un grupo de indígenas yagua en 1959 (fuente: Archivo Histórico Nacional – Archivo Vicenta Cortés).

Como en repetidas ocasiones se ha hecho resaltar, la conquista de las Canarias es como el tubo de ensayo de la primera reacción entre dos elementos que se iban a entremezclar muy pronto y en mayores proporciones al abrirse las grandes rutas oceánicas: el europeo y el aborigen, cada uno con su bagaje material y espiritual.

Vicenta Cortés Alonso[1]CORTÉS (1955), p. 501.

En estas fechas en las que se celebra el Día Internacional de los Archivos, queremos rendirle un modesto homenaje a la profesora Vicenta Cortés Alonso (Valencia, 1925), infatigable maestra de archiveros, recordando uno de sus trabajos más significativos para la historiografía canaria: La conquista de las Islas Canarias a través de las ventas de esclavos en Valencia.

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Esenciales (V): Historia de las Siete Yslas de Canaria (1694)

Portada microfilmada de la copia más antigua superviviente –s. XVIII– de la Historia de las Siete Yslas de Canaria (1694) de Tomás Marín de Cubas (fuente: Biblioteca Municipal Central de Santa Cruz de Tenerife, Fondo Antiguo, signatura Ms. 192)

ARTÍCULO ACTUALIZADO Y AMPLIADO (2021/08/13)

[…] la Historia de Marín de Cubas, leída críticamente, constituye, pues, una base sólida para el conocimiento del pasado prehispánico de Canarias.

Proemio del profesor Juan Régulo Pérez a la edición de 1986 de Historia de las siete islas de Canaria[1]ARIAS (1986), p. 28.

A pesar de su escasa difusión, estamos ante la que probablemente sea la obra superviviente más importante que trata sobre el mundo de los antiguos canarios, después de la obra de fray Juan de Abreu Galindo, incluso superando a esta en algunos aspectos.

Redactada por el médico Tomás Marín de Cubas (Telde, Gran Canaria, 1643 – Las Palmas de Gran Canaria, 1704), a quien le corresponde además el mérito de ser el compilador de las transcripciones más antiguas conocidas de las relaciones de Antonio Sedeño y Gómez EscuderoHistoria de las Siete Yslas de Canaria es un trabajo que nunca deja de sorprender a los investigadores que se acercan a sus páginas porque aporta interesantes datos, inéditos, acerca de los antiguos canarios así como vívidos relatos de episodios conocidos de la conquista que evidencian que su autor tuvo acceso a informaciones ajenas a los demás escritos supervivientes que versan sobre esta materia.

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La firma de Diego García de Herrera

Firma autógrafa de Diego García de Herrera, señor consorte de las islas de Canaria, en 1457 (fuente: Archivo Municipal de Burgos, signatura C3-3-16-27).

A la hora de reconstruir los hechos históricos, el estudio de la documentación pública resulta extremadamente útil puesto que esta nos ofrece una visión oficialmente testimoniada de los mismos. A diferencia de las crónicas e historias, que son relatos escritos desde la subjetividad de un observador o, a lo sumo, de un investigador alejado cronológicamente de los sucesos narrados, los documentos públicos, redactados por un colectivo de profesionales de la consignación de datos –escribanos o notarios–, ofrecen el testimonio directo de los protagonistas de los eventos o, al menos, de informadores de primera mano.

Es por ello que en el transcurso de nuestras investigaciones procuramos localizar la mayor cantidad posible de escrituras públicas, y aunque algunas de ellas no guardan relación directa con la historia de Canarias, siempre cabe la posibilidad de que estas acaben aportando algún dato inédito, inadvertido o, al menos, curioso. Es el caso del testamento de Pedro García de Herrera, mariscal de Castilla y padre del último señor consorte de las islas de Canaria, Diego García de Herrera.

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Esenciales (IV): Descripción e Historia del Reino de las Islas Canarias

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El famoso mapa de las Islas Canarias asociadas al signo zodiacal de Cáncer, según el ingeniero Leonardo Torriani a finales del siglo XVI (fuente: Biblioteca Geral da Universidade de Coimbra, signatura Ms. 314, folio 8r.)

En 1584, el rey Felipe II de España comisionaba a uno de sus técnicos de confianza, el ingeniero Leonardo Torriani (Cremona, Ducado de Milán, c. 1560 – Coimbra, Reino de Portugal, 1628), para el diseño y la construcción de un torreón y un muelle en la isla de La Palma. Este encargo, que duraría unos dos años, se vio ampliado por la contratación del cremonés en 1587 para llevar a cabo un proyecto más ambicioso: la inspección de todas las infraestructuras defensivas del Archipiélago junto con la redacción de un informe completo sobre las mismas que incluyese propuestas de ampliación y reforma.

La estancia del ingeniero en el Archipiélago duró en total unos doce años, hasta 1596, lo que le brindaría la oportunidad de conocer con cierta profundidad diversos aspectos sobre la cultura y la historia del mismo. Afortunadamente, en sintonía con el estilo barroco imperante en la cultura italiana, Torriani juzgó que un simple informe técnico sería demasiado árido para el gusto del monarca:

Habiéndome ordenado Vuestra Majestad, en años pasados, que hiciese la descripción de las Islas Canarias, me pareció que tan pequeñas tierras, destacadas del África, así solas, por la pequeñez del asunto, no podían serle sino de poco agrado. Y así, al encontrar en los monumentos de las letras con qué hermosearlas, me determiné añadirle la historia y los acontecimientos que en ellas pasaron, hasta nuestros tiempos, con los pareceres y los dibujos de sus fortalezas.[1]TORRIANI (1959), p. 1.

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La muerte de Guillén Peraza

Los posibles restos de Guillén Peraza, marcados con el número 4, descubiertos durante la excavación arqueológica dirigida por los profesores Bertila Galván Santos y Juan Francisco Navarrro Mederos realizada en la iglesia de la Asunción, San Sebastián de La Gomera (fuente: PÉREZ (2005), p. 294).

Entre los años 1979 y 1980, un equipo de arqueólogos dirigidos por los profesores Bertila Galván Santos y Juan Francisco Navarro Mederos ejecutó una excavación de urgencia en la iglesia de la Asunción (San Sebastián de La Gomera), edificio que iba a ser sometido a una importante reforma. En el nivel más profundo de los enterramientos situados en la antigua Capilla Mayor, debajo de los restos de otros difuntos, los expertos descubrieron el esqueleto de un varón joven que presentaba una fractura lateral de cráneo y que descansaba en una orientación oblicua respecto a la de la nave del templo. La presencia de una blanca –moneda castellana acuñada durante el reinado de Enrique IV– en un nivel inmediatamente superior al de los restos permitió datar el enterramiento como anterior a 1471. Fragmentos de azulejos andaluces y escombros de piedra y barro permitieron aventurar la existencia de una antigua ermita, orientada de manera diferente a la actual iglesia, lo que explicaría la inusual posición del cadáver.[1]NAVARRO (1984), pp. 588-590, 593-594.

Aún sin contar con las modernas técnicas de identificación genética, las evidencias sugerían un nombre de manera casi incontestable: aquel joven debía tratarse de Guillén Peraza, único hijo varón legítimo de Fernán Peraza el Viejo.

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