De tarjas y pintaderas (2/2)

El famoso drago de Icod de los Vinos, Tenerife. Esta planta de porte arbóreo (Dracaena draco) fue utilizada por los antiguos canarios para la fabricación de los escudos que algunos autores identifican con las tarjas (fuente: Wikimedia Commons).

En plausible relación más o menos directa con las pintaderas, citadas en la primera parte de este artículo, las fuentes etnohistóricas mencionan la utilización de divisas o emblemas entre los indígenas grancanarios. Citemos algunos textos relevantes al respecto.

De la relación de Antonio Sedeño:[1]MORALES (1978, pp. 367, 369). Adaptado del castellano antiguo por PROYECTO TARHA.

[…] traían rodelas muy grandes de altura de un hombre, eran de una madera ligera estoposa de un árbol llamado drago. La espada llamaban majido y el broquel tarja; las espadas eran delgadas y puntiagudas; traían en las rodelas sus divisas pintadas a su modo de blanco y colorado de almagra, jugaban la espada con mucha destreza.

Este mismo autor, en los prolegómenos del famoso enfrentamiento entre el noble Bentagaire y el guerrero Doramas, nos detalla:

[…] habiendo de venir Doramas por aquel camino, le dieron por señas a Ventagaire que sería conocido por la divisa de la tarja blanca y colorada de cuarteado.

De la relación de Pedro Gómez Escudero:[2]MORALES (1978, p. 438). Adaptado del castellano antiguo por PROYECTO TARHA.

[del drago] hacían rodelas para su defensa, y eran grandes y pintadas de divisas.

En la Crónica Ovetense:[3]MORALES (1978, p. 123). Adaptado del castellano antiguo por PROYECTO TARHA.

[…] un hidalgo llamado Ventagaire, […] vino en busca del Doramas, del cuál habiendo tomado por señas para conocerlo que traía su cuarta y tarja de blanco y colorado lo esperó en el camino por donde iba a ver su ganado[…].

La Crónica Lacunense nos aclara la expresión anterior:[4]MORALES (1978, p. 227). Adaptado del castellano antiguo por PROYECTO TARHA.

[Doramas] traía su tarja cuarteada de blanco y colorado[…].

Y en la Crónica de los Reyes Católicos, de Diego de Valera:[5]MORALES (1978, p. 501). Adaptado del castellano antiguo por PROYECTO TARHA.

Y como los canarios sintieron la entrada de los cristianos, juntáronse trescientos de ellos armados de espadas y tarjas y casquetes y dardos para defender la entrada del puerto.

También fray Juan de Abreu Galindo se hace eco de estos elementos:[6]ABREU (1848, p. 70).

[…] los canarios estaban pertrechados de muchas armas […] como dardos y piedras, y tarjas que eran como rodelas, […].

Como puede comprobarse, estos relatos atestiguan la existencia de ciertos artilugios defensivos indígenas llamados tarjas, que los autores asimilan a broqueles o rodelas, y que exhibían divisas pintadas sobre su superficie, posiblemente similares a los motivos geométricos que adornan las pintaderas, el ajuar cerámico o ciertos lugares habitacionales como la Cueva Pintada de Gáldar.

La utilización de estas defensas de elaboración local no cesa tras la conquista, sino que continúa en la nueva sociedad colonial como así lo demuestran las actas capitulares de Tenerife de 1501:[7]SERRA (1996, p. 39).

Fue ordenado y mandado por el señor Gobernador, con acuerdo de los señores del Cabildo, que todos los peones tengan las armas siguientes: lanzas y tarjas de drago y espadas, […] y entiéndese que la tarja ha de ser de un pulgar de gordor y no menos.

No queda claro, a pesar de la primera de las citas anteriores, cuáles eran las dimensiones y forma exacta de una tarja indígena, y mucho menos de qué manera era posible construir una a partir de un tronco de drago (Dracaena draco). Sabemos que éste no es un árbol sino, al igual que la palmera, una planta de porte arbóreo que, como tal, carece de madera sólida en su interior. Por tanto, no es fácil discernir si para la manufactura de estas tarjas defensivas se empleaba un corte transversal o uno longitudinal del tallo, que incluyese la cáscara.

No nos interesa aquí, sin embargo, indagar los aspectos constructivos de las tarjas sino explorar someramente una relación hipotética de este vocablo con las pintaderas.

Pintadera de panadero. De este nombre procede la denominación actual de los antiguos sellos o tampones canarios (fuente: Paulina Guzmán Tello – Las “pintaderas” de Pan en el siglo XVII).

¿Qué es una tarja?

En lengua castellana, los términos broquel, rodela y tarja significan diversos tipos de escudos empleados en el ejercicio bélico medieval. Los dos primeros vocablos coinciden en referirse a elementos defensivos de pequeño tamaño y forma redonda, mientras que el tercero puede tratarse tanto de un escudo de dimensiones suficientes para cubrir todo un cuerpo humano como de una pequeña pieza de armadura que permitía a un caballero protegerse de una agresión con lanza.

Si bien los testimonios anteriores relacionan el vocablo tarja con cierto tipo de escudo indígena, algunas referencias etnohistóricas apuntan a una posible coincidencia, al menos fonética, de dos términos diferentes entre sí, uno europeo y otro africano. Veamos estos indicios.

En la relación de Antonio Sedeño podemos leer:[8]MORALES (1978, p. 375). Adaptado del castellano antiguo por PROYECTO TARHA.

Sola una casa que fue la de Guanarthene se halló aforrada en tablones de tea muy ajustados, que no se conocían las junturas, encima estaban pintados de blanco con tierra y de colorado con almagra y de negro con carbón molido, unos ajedrezados, y tarjetas redondas a modo de quesos por el techo.

Notemos el uso de un diminutivo que nos es muy familiar en el presente. En este caso, no se hace mención a elementos defensivos sino a pinturas decorativas en el interior de estructuras habitacionales: el desaparecido palacio del guanarteme de Gáldar. Esta alusión a tarjetas redondas nos recuerda los círculos concéntricos presentes en algunas pintaderas y, sobre todo, en la Cueva Pintada de Gáldar.

Leamos a continuación el testimonio del historiador Tomás Arias Marín de Cubas en 1687, quien, aparte de coincidir en el significado defensivo del vocablo en cuanto al episodio de Doramas, añade otras interpretaciones:[9]ARIAS (1937, fol. 55v, 77, 91). Adaptado del castellano antiguo por PROYECTO TARHA.

[…] pintaban en unas tablas de drago y en piedras y en paredes de las Cuevas, con almagra, y rayas y otros caracteres llamados tara, y donde los ponían, tarja a modo de escudos de armas […].

[…] y en las Tarjas y taras de los Canarios se sabían los años que estuvieron en la Isla [Gran Canaria] las cosas de esta memoria y con el tiempo se iban dejando descubrir; […]

En 1694, Marín de Cubas parece modificar el significado de la voz tarja:[10]ARIAS (1986, p. 254). Adaptado del castellano antiguo por PROYECTO TARHA.

[…] habiendo cogido sus sementeras hacían rayas en tablas, pared o piedras; llamaban tara, y tarja aquella memoria de lo que significaba.

Se observa que Marín de Cubas hace referencia a dos términos interrelacionados. El primero indica cierto tipo de escritura alfabética o bien ideográfica, y el segundo, el soporte físico sobre el que se trazaban dichos grafos, o la semántica de los mismos. Nótese que el médico teldense asemeja las tarjas a escudos de armas –es decir, blasones– más que a instrumentos defensivos, si bien él mismo atestigua en otros pasajes de sus obras esta última funcionalidad.

Tarjas conservadas en Caravaca de la Cruz (Murcia). Las tarjas fueron instrumentos antecesores de las tarjetas de crédito (fuente: Sitio Web del Cronista Oficial de Betanzos).

Etimología de la voz tarja

Aunque el diccionario de la RAE ofrece nueve acepciones para la voz tarja,[11]Véase un excelente resumen de las acepciones históricas de este vocablo en el blog Palabraria, de Ángel Arteaga. tan solo aporta la etimología para las dos acepciones de significado defensivo, la cuarta y la quinta, respectivamente: se indica que la palabra tarja deriva del francés targe, cuyo diminutivo dio origen al sustantivo inglés target –blanco, objetivo–.

Sin embargo, nada se nos dice sobre la etimología de las demás acepciones propuestas por la RAE para este vocablo, de las que las tres primeras resultan sumamente interesantes en el caso que nos ocupa:

  1. Tablita o chapa que sirve de contraseña.
  2. Corte o hendidura que se hace como señal.
  3. Caña o palo sencillo en que por medio de muescas se va marcando el importe de las ventas.

De hecho, la primera de estas tres acepciones corresponde, en su forma diminutiva, a la voz tarjeta, que no necesita presentación alguna. En cuanto a los dos significados restantes, obviamente relacionados entre sí, resulta muy ilustrativo el artículo Los primeros recibos (Muescas contables), del ingeniero Guillermo Searle Hernández, en el que se describe ciertos instrumentos de madera que se utilizaron en diversos países europeos y africanos para llevar cuentas de crédito y débito, bien en especie –pan, ganados–, bien en metálico.

Estos utensilios, llamados precisamente tarjas, y cuyo procedimiento de marcado se indicaba mediante el verbo tarjar, se dice que fueron introducidos en la península ibérica por los árabes, lo que en la práctica equivale realmente a atribuirles un origen norteafricano. En países como Chile, el mismo término se utiliza para denominar los documentos registrales que se emplean en la consignación de fletes navales.

Sirvan estas pocas muestras para ilustrar la relación que parece guardar este vocablo con los actos de testimoniar, escribir y/o registrar, en secuencial concordancia con las tres acepciones anteriores. El análisis filológico realizado por los profesores René Basset a finales del siglo XIX, y Dominik Josef Wölfel y Lionel Galand en las décadas de 1940 y 1970, respectivamente, además de la reciente revisión del Dr. Ignacio Reyes García apuntan en dicha dirección.[12]REYES (2012, voz tarha).

A la vista de estos datos, sería factible proponer una relación más o menos directa del vocablo tarja con las pintaderas, al ser objetos cuya hipotética funcionalidad parece vinculada a todas o, al menos, alguna de estas tres acciones. No obstante, tal y como aconsejan el profesor Jorge Onrubia Pintado y el Dr. Gabriel Betancor Quintana, es imperativo, para ello, no caer en la hipertrofia simbolista y especulativa, especialmente en un contexto cultural en el que todo está aún por descubrir.[13]ONRUBIA (2002, pp. 486-488).

Antonio M. López Alonso

Referencias

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2 comments on “De tarjas y pintaderas (2/2)”

  1. Manuel Cruz Responder

    Es posible obtener una madera ligera pero dura de las palmeras,también la he obtenido de yuccas y de los pitones de las piteras, el drago posee características similares,ligera y resistente,ideal para hacer escudos

    • Proyecto Tarha Responder

      Sin duda, así debía de ser, ya que los registros documentales insisten en tal posibilidad. Lo interesante sería averiguar cuál era la técnica constructiva empleada en dichos escudos: corte transversal o longitudinal, con cáscara o sin ella, grosor mínimo de la planta, tratamiento y mantenimiento posterior, etc. Le agradeceríamos enormemente su opinión al respecto desde su experiencia.

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