Tag Archives: Conquista señorial de Canarias

Esenciales (V): Historia de las siete islas de Canaria

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Portada de la edición de 1986 de Historia de las siete islas de Canaria, de Tomás Arias Marín de Cubas (fuente: Memoria Digital de Canarias).

[…] la Historia de Marín de Cubas, leída críticamente, constituye, pues, una base sólida para el conocimiento del pasado prehispánico de Canarias.

Proemio del profesor Juan Régulo Pérez a la edición de 1986 de Historia de las siete islas de Canaria[1]ARIAS (1986), p. 28.

A pesar de su escasa difusión, estamos ante la que probablemente sea la obra superviviente más importante que trata sobre el mundo de los antiguos canarios, después de la obra de fray Juan de Abreu Galindo, incluso superando a esta en algunos aspectos.

Redactada por el médico Tomás Arias Marín de Cubas –o Marín y Cubas– (Telde, Gran Canaria, 1643 – Las Palmas de Gran Canaria, 1704), a quien le corresponde además el mérito de ser el compilador de las transcripciones más antiguas conocidas de las relaciones de Antonio Sedeño y Gómez EscuderoHistoria de las siete islas de Canaria es un trabajo que nunca deja de sorprender a los investigadores que se acercan a sus páginas porque, al margen de los numerosos errores historiográficos que comete el autor, esta obra aporta interesantes datos, inéditos, acerca de los indígenas así como vívidos relatos de episodios conocidos de la conquista que evidencian que su autor tuvo acceso a informaciones ajenas a los demás escritos supervivientes que versan sobre esta materia.

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Esenciales (II): Le Canarien - Crónicas francesas de la conquista de Canarias

Portada del primer tomo de la edición de 1959 de Le Canarien, realizada por los profesores Elías Serra Ràfols y Alejandro Cioranescu (fuente: Biblioteca Virtual Viera y Clavijo).

Le Canarien (El Canario) es la más antigua de las crónicas canarias conocidas. Escrita originalmente hace más de seiscientos años, se trata del primer relato específica y casi enteramente dedicado a la conquista europea del Archipiélago. Sus autores iniciales, dos religiosos franceses: Jehan Le VerrierPierre Boutier, capellanes de la expedición de conquista armada en 1402 por el barón normando Jehan IV de Béthencourt y su socio, el caballero pictavino Gadifer de La Salle, como ellos mismos se encargan de admitir:

[…] Gadifer de La Sale y Jehan de Béthencourt, caballeros naturales del reino de Francia, han emprendido este viaje para honra de Dios y para mantenimiento y aumento de nuestra santa fe, a las partes del Mediodía, a ciertas islas que están hacia aquel lado, que se llaman las islas de Canaria habitadas por gentes infieles de diversas leyes y de diferentes lenguajes, […] con la intención de convertirlas y de atraerlas a nuestra fe; y por esto este libro se llama el Canario. Y nosotros, fray Pierre Boutier, monje de Saint-Juoin-des-Marnes y el señor Jehan Le Verrier, presbíteros y capellanes y servidores de los caballeros nombrados más arriba, hemos empezado a poner por escrito todas las cosas que les acontecieron desde su principio y toda la forma de su gobierno, de lo cual podemos haber tenido verdadero conocimiento, desde que salieron del reino de Francia hasta […] que Béthencourt llegó aquí a las islas; y de allí en adelante vino la escritura en otras manos, que la continuarán con toda verdad, hasta el final de su conquista.

Le Canarien (texto G) –SERRA (1964), pp. 14-16–.

Lo cierto es que esas otras manos no fueron tan veraces como esperaban los autores primigenios. De hecho, desaparecido el original u originales, las dos copias más antiguas que se conocen de este relato son perfectos ejemplos de manipulación hagiográfica.

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San Marcial del Rubicón: Ensayo de un drama

Barranquillo y sendero que conduce hasta el yacimiento de San Marcial del Rubicón (Lanzarote).

Barranquillo y sendero que conduce hasta el yacimiento de San Marcial del Rubicón, Lanzarote (fuente: PROYECTO TARHA).

Et demourerent euls et ceuls de l’isle Lancelot en bon accord. Apres commencerent un chastel qui s’apelle Rubicom, et laisserent la une partie de leurs gens;

Y quedaron bien acordados ellos y los de la isla de Lanzarote. Después empezaron un castillo que se llama Rubicón, y dejaron allí parte de sus gentes;

Le Canarien (texto G) –SERRA (1964), pp. 24-25–.

Sus protagonistas nunca llegaron a saberlo. Probablemente tampoco lo hará la mayoría de los cientos de turistas que semanalmente se tienden al sol a tan solo unos pasos de distancia. Pero sobre la arenosa desembocadura de este humilde barranquillo se llevó a cabo, hace más de seiscientos años, un experimento de gran trascendencia histórica.

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