Uso de Stellarium en la arqueoastronomía

Simulación del orto helíaco de la estrella Canopo (en el círculo cercano al horizonte) en 1478 vista desde las coordenadas de la actual Las Palmas de Gran Canaria. El paisaje de la simulación no corresponde al paisaje real (fuente: PROYECTO TARHA).

En nuestro anterior artículo mostramos dos simulaciones en vídeo del eclipse solar acaecido el 29 de julio de 1478. En esta ocasión hablaremos del software empleado para realizar dichas simulaciones: Stellarium.

Stellarium es una aplicación de software libre y multiplataforma que ofrece funciones de planetario. A tales efectos, podemos emplearla para simular la posición de los astros visibles desde cualquier punto geográfico de la Tierra a una fecha y hora determinadas, con precisión suficiente incluso para eventos astronómicos dos o tres milenios anteriores a nuestra era, lo que resulta de suma utilidad en el campo de la arqueoastronomía.

Los movimientos de la Tierra

La observabilidad a simple vista de un astro desde nuestro planeta depende de la distancia a la que se encuentra y de su magnitud –brillo aparente–, pero también de los movimientos de la Tierra, de nuestro sistema solar y del propio astro. En el caso de las estrellas, la distancia hace que el movimiento de estas y el de nuestro sistema solar resulten despreciables si nos atenemos a una escala temporal manejable en términos humanos, por lo que solo tendremos en consideración los movimientos de nuestro planeta.

Como es de sobra conocido, la Tierra describe un movimiento de rotación –sobre su propio eje– y otro de traslación –alrededor del Sol–. La rotación determina la existencia del día y la noche, y, por tanto, que las estrellas sean visibles solo en esta última, mientras que la traslación hace que determinadas constelaciones solo sean observables en determinadas épocas del año.

Pero, además, la Tierra describe otros movimientos, solo perceptibles a largo plazo, como el llamado precesión, menos conocido popularmente pero que ejerce una notable influencia en la observabilidad de los astros. Simplificando el concepto, la precesión es un movimiento análogo al de un trompo en rotación cuyo eje ha perdido la verticalidad al disminuir su velocidad angular –de giro–. En el caso de nuestro planeta, el eje de rotación gira a su vez alrededor de otro eje imaginario con un periodo de 25.767 años. El efecto de este movimiento hace, por ejemplo, que la estrella que en la actualidad se toma como referencia para indicar aproximadamente la ruta hacia el norte geográfico –α Ursae Minoris, más conocida como Polaris o Estrella Polar– no lo fuese hace miles de años ni lo será en un futuro aún lejano.

Efecto de la precesión sobre la posición relativa del Polo Norte celeste. Este movimiento de la Tierra posee un ciclo de 25.767 años (fuente: Wikipedia).

La astronomía de los antiguos

Desde épocas remotas, las sociedades humanas han organizado sus modos de vida conforme a la medición objetiva del tiempo y, consecuentemente, la observación de los astros es uno de los métodos preferidos, por fiable y preciso, para llevar a cabo esta misión. A esta finalidad eminentemente pragmática, hay que añadir la celebración de rituales mágico-religiosos, aunque, por lo general, también vinculados a hitos de singular importancia para la supervivencia de la comunidad, como las épocas de siembra y cosecha.

La determinación del transcurrir de las horas y los días se llevaba a cabo, como es obvio, mediante la observación del sol. Periodos más largos de tiempo, como los meses, se computaban por vía de las lunaciones, mientras que las estaciones del año y sus delimitaciones astronómicas –equinoccios y solsticios– quedaban señaladas por la posición del sol con respecto a determinados marcadores naturales –picos de montañas, roques, …– o artificiales –amojonamientos colocados a propósito, oquedades talladas, monolitos, …– al ser observado desde emplazamientos elegidos a tal fin, en momentos específicos del día que, por lo general, eran la salida, el cenit –mediodía– o la puesta del astro rey.

No obstante, la acotación en el tiempo de otros periodos de interés menos evidentes, como las citadas siembra y recogida de frutos, podía requerir de marcadores más precisos. En estos casos, las estrellas son de gran utilidad por el ingente número de ellas que puede observarse desde nuestro planeta, ya que siempre es posible elegir uno de estos lejanos soles para marcar el inicio o el final de un intervalo de tiempo concreto, con la posible concurrencia de alguna de las fases lunares. Sin embargo, ésta no es una tarea trivial.

Si bien es relativamente sencillo avistar cualquier salida –orto o puesta –ocaso– de una estrella en noche cerrada, sin luna y con cielo despejado, esta información no sirve por sí misma para establecer una acotación temporal si no se dispone de una medición precisa del instante en el que sucede el fenómeno, ya que este acontece durante varios días consecutivos y a distintas horas. Por ello, en estos casos, se recurría a la anotación de unas salidas o puestas muy particulares: el orto helíaco/acrónico y el ocaso helíaco/acrónico:

  • Orto helíaco: es el momento en que es posible observar la salida de una estrella, al amanecer, por primera vez en el año. Naturalmente, la estrella se hace “invisible” unos instantes después, velada por la luz del sol. Quizá el más famoso ejemplo de utilización del orto helíaco sea el de la antigua civilización egipcia, que empleaba la salida de Sirio –α Canis Majoris– para señalar el inicio de la época de crecidas del río Nilo.
  • Ocaso helíaco: es el momento en que es posible observar la puesta de una estrella, justo antes de salir el sol, por primera vez en el año.
  • Orto acrónico: es el momento en que es posible observar la salida de una estrella, al anochecer, por primera vez en el año.
  • Ocaso acrónico: es el momento en que es posible observar la puesta de una estrella, justo después de la puesta del sol, por primera vez en el año.

Estos cuatro fenómenos permitían a determinados pueblos antiguos utilizar las estrellas como marcadores calendáricos de eventos importantes con una precisión razonable, si obviamos el margen de error debido a otros problemas de observabilidad, como las condiciones meteorológicas.

Aplicación de Stellarium en la arqueoastronomía

Centrándonos ahora en el software que nos ocupa, Stellarium posee tres utilidades que pueden ser de gran interés para el campo de la arqueoastronomía:

  • Herramienta de paisajes.
  • Complemento de análisis de observabilidad.
  • Complemento de arqueolíneas.

Uso del paisaje correspondiente al observatorio del Roque de los Muchachos, en La Palma (fuente: PROYECTO TARHA).

Los paisajes

La investigación arqueoastronómica comporta la observación in situ de los astros desde un yacimiento arqueológico de interés. Se pretende, sobre todo, averiguar el aspecto que tendría la bóveda celeste en una época determinada y cotejar dicha observación con hipotéticos marcadores astronómicos presentes en el lugar. Aquí es muy útil la posibilidad que ofrece Stellarium de integrar paisajes –landscapes– en las simulaciones.

Un paisaje, en la terminología de Stellarium, consiste en una fotografía circular o esférica que abarca todo el horizonte y los principales obstáculos visibles alrededor del punto de observación. Dicha fotografía se obtiene a partir de una secuencia de imágenes tomadas de una en una y convenientemente montadas a posteriori.

Stellarium ofrece un catálogo bastante extenso de paisajes, aunque tan solo uno de ellos pertenece a las Islas Canarias, concretamente al observatorio del Roque de los Muchachos, en La Palma. Por tanto, sería ideal contar con un repositorio de paisajes del Archipiélago localizados en sitios de interés arqueoastronómico, como Cuatro Puertas (Gran Canaria), Tindaya (Fuerteventura) o El Julan (El Hierro), entre otros.

Téngase en cuenta que Stellarium permite orientar con precisión los paisajes con respecto a los puntos cardinales. Para ello, es necesario anotar la orientación exacta de la secuencia fotográfica con respecto a algún elemento destacado del paisaje, valiéndonos de una brújula. Por supuesto, debemos tomar la precaución de realizar la medida sin interferencias –líneas de alta tensión, objetos metálicos cercanos, etc.– y aplicando la pertinente corrección de la declinación magnética, pues los polos terrestres geográficos no coinciden con los actuales polos magnéticos. A estos efectos, resultan muy útiles los servicios de cálculo de este parámetro, como el que ofrece la NOAA. En el caso de Canarias, la desviación magnética actual es de aproximadamente cinco grados Oeste (o menos cinco grados), por lo que habría que sumar esta cantidad a la lectura de la brújula para obtener la orientación geográfica verdadera.

Análisis de la observabilidad de Sirio (la estrella de las caniculares, según Marín y Cubas) en el año 1478, vista desde las coordenadas de la actual Las Palmas de Gran Canaria. Stellarium permite utilizar colores de alto contraste para su empleo en el trabajo de campo (fuente: PROYECTO TARHA).

El análisis de observabilidad

Un complemento –plugin– muy interesante es el analizador de observabilidad, que nos muestra un resumen de las horas del día en las que un determinado astro es observable, indicando expresamente los ortos y ocasos helíacos y acrónicos.

Apliquemos esta herramienta al caso de Sirio, la única estrella vinculada explícitamente por una fuente etnohistórica a la antigua cultura de Gran Canaria, concretamente por Marín de Cubas:

[…] parece que adoraban a el fuego, al Sol y a la Luna y a la estrella de los caniculares, de donde empezaban el año con grandes fiestas aún entre enemigos con bailes y comidas y luchas.[1]ARIAS (1937), fol. 81v.

y también a α Carinae, más conocida como Canopo o Canopus, astro que las culturas amaziges continentales identificaban como el huevo primordial del que surgió el Universo.[2]BARRIOS (2004), pp. 179-180, 185-188.

Si seleccionamos estos cuerpos celestes en el año 1478 y en la actualidad (2016), y realizamos el análisis de observabilidad desde un punto geográfico particular –en este caso, Las Palmas de Gran Canaria, y a una altitud de veinticinco metros sobre el nivel del mar–, obtenemos la siguiente información:

 

SIRIO (α Canis Majoris)
1478
2016
Salida acrónica
4 enero
19 enero
Salida helíaca
22 julio
4 agosto
Puesta acrónica
29 noviembre
13 diciembre
Puesta helíaca
15 mayo
28 mayo

 

CANOPO (α Carinae)
1478
2016
Salida acrónica
31 enero
13 febrero
Salida helíaca
18 agosto
30 agosto
Puesta acrónica
29 octubre
9 noviembre
Puesta helíaca
13 abril
23 abril

Se observa que estos fenómenos suceden en la actualidad con un retraso de entre diez y quince días respecto de la segunda mitad del siglo XV.

Uso del complemento ArchaeoLines junto con el paisaje del Roque de los Muchachos (fuente: PROYECTO TARHA).

Las arqueolíneas

El complemento ArchaeoLines –arqueolíneas– muestra las líneas de recorrido aparente del Sol y de la Luna durante los equinoccios, solsticios y lunasticios, así como en los días intermedios. Observando la intersección de las arqueolíneas con el paisaje que tengamos cargado en la aplicación, sería factible detectar eventuales marcadores astronómicos artificiales y/o naturales.

Conclusión

En suma, podemos afirmar que la combinación de las tres funcionalidades anteriormente descritas hacen de Stellarium un software de gran utilidad para los investigadores del cielo antiguo, tanto profesionales como aficionados, y desde estas líneas queremos animar a la elaboración de un catálogo de paisajes arqueoastronómicos de las Islas Canarias.

Antonio M. López Alonso

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