De tarjas y pintaderas (1/2)

Pintaderas Verneau

Parte de las pintaderas estudiadas por el profesor René Verneau (fuente: VERNEAU (1883), lám. VI).

Motivo destacado de estudio y análisis por parte de la arqueología canaria son los objetos de factura indígena conocidos como pintaderas. Estas consisten en unos pequeños utensilios de barro cocido –terracota– o madera que presentan diversos motivos geométricos de complejidad variable –triángulos, círculos, rectángulos, líneas quebradas– incisos, excisos e/o impresos sobre una superficie plana de contorno circular o poligonal denominada campo y generalmente dotados de un apéndice, a menudo perforado por uno o más orificios.

El vocablo pintadera, según el diccionario de la RAE, es un instrumento que se emplea para adornar con ciertas labores la cara superior del pan u otras cosas. A finales del siglo XIX, el profesor René Verneau atestiguó que este era el nombre que los habitantes de Santa Lucía de Tirajana daban a dichos objetos junto al más prosaico de sello, y es a partir de ese momento cuando comienza a utilizarse tal denominación de manera generalizada en el ámbito científico.

La popularidad de las pintaderas se incrementa desde la publicación del Manifiesto de El Hierro (1976), en cuyo primer artículo se las considera como signo representativo de la identidad del Archipiélago, aunque en realidad su contexto geográfico es exclusivamente el de la isla de Gran Canaria.

Aunque hasta la fecha se han encontrado en torno a quinientos ejemplares –véase un extenso muestrario en el catálogo y estudio publicado por El Museo Canario y elaborado por las doctoras María del Carmen Cruz de Mercadal y Teresa Delgado Darias, y el profesor Javier Velasco Vázquez–, su función real, por ahora enigmática, sigue siendo objeto de controversia aunque, debido a las características anteriores, comúnmente se acepta que las pintaderas son sellos o matrices cuya funcionalidad pudo haber sido:

  • Impresión de tintes corporales, textiles, cerámicos, etc.
  • Impresión de ideogramas.
  • Marcado de posesión de bienes, especialmente silos o graneros.
  • Identificación personal, familiar, tribal, etc.
  • Utensilio místico-religioso.
  • Amuleto (sanación, protección personal, etc.).
  • Alguna combinación de estas u otras aplicaciones.

Parte de la colección de pintaderas expuesta en El Museo Canario con sus respectivas impresiones experimentales sobre arcilla (fuente: PROYECTO TARHA).

Las pintaderas en las fuentes etnohistóricas

NOTA IMPORTANTE: En referencia al contenido de esta sección, nos advierte amablemente el profesor Jorge Onrubia Pintado, a quien por supuesto agradecemos enormemente sus observaciones, sobre la posibilidad de que la expresión picaderas de atahona se trate de un portuguesismo –pues no consta dicho término en el diccionario de la RAE ni en el Tesoro de Covarrubias– referente a unas herramientas empleadas para prolongar la vida de las ruedas de molino mediante ciertas técnicas de picado. Nos ofrece además una referencia al artículo A presença dos moinhos hidráulicos no Brasil, del investigador brasileño Francisco de Carvalho Dias de Andrade, donde se menciona el término picadeira. No obstante, conservamos nuestra redacción original con objeto de que los lectores puedan extraer sus propias conclusiones y no inducir confusión en aquellas personas que hayan leído el presente artículo con anterioridad a la inclusión de esta nota.


Existe la creencia generalizada de que las fuentes etnohistóricas no mencionan explícitamente la existencia de las pintaderas y que, por tanto, el primer testimonio de este nombre es el referido por el profesor Verneau. Sin embargo, nada más lejos de la realidad: el vocablo pintadera aparece registrado de manera espuria en la relación de Pedro Gómez Escudero, aunque sin aclarar su función:

Tubieron algunas herramientas, que se hallaron en unas cuebas de Tirahana, a modo de picaderas de atahona maiores que las ordinarias de Spaña i almadanas de partir piedras mui grandes vendría de fuera porque tubieron trato con Mallorquines.[1]MORALES (1978, p. 437).

La mención de las picaderas de atahona –pintaderas de tahona o panadería– concuerda plenamente con el testimonio facilitado al menos doscientos años más tarde por los vecinos de Santa Lucía de Tirajana al profesor Verneau. Por otra parte, este relato atribuido a Pedro Gómez Escudero pone de manifiesto que, al tiempo de su redacción, las pintaderas aparecen ya como objetos protoarqueológicos, hallados fortuitamente en localizaciones abandonadas.

En 1687, Tomás Arias Marín de Cubas, copista de Gómez Escudero, reformuló este dato en su inédita Historia de la Conquista de las siete Yslas de Canaria, si bien preservando su teórica pertenencia a un entorno manufacturero cerealista, de la siguiente manera:

En una cueba de Tirajana se hallaron picaderas como de molino, i gruezas almadanas de hierro i acero mayores todo que lo ordinario.[2]ARIAS (1937, fol. 82).

Y en su versión de 1694, Marín de Cubas oscureció aún más dicha información hasta dejarla casi irreconocible:

[…] aunque en una cueba de Tirajana se hallaron mui ocultamente, picaderas de piedras almadanas de hierro, y acero mucho maiores del ordinario.[3]ARIAS (1986, p. 268).

puerta-silo

Puerta de silo indígena encontrada en el yacimiento arqueológico de Risco Pintado – La Audiencia, en Temisas, Gran Canaria. La función de las pintaderas podría estar relacionada con el acceso a los depósitos de cereales (fuente: Unidad de Patrimonio Histórico del Cabildo de Gran Canaria).

Puntos de vista sobre la funcionalidad de las pintaderas

Informalmente, podríamos clasificar los distintos puntos de vista sobre la función de las pintaderas –todos ellos planteados por primera vez durante el último tercio del siglo XIX– en tres corrientes interpretativas, no excluyentes entre sí:[4]Véase un resumen de las distintas teorías interpretativas en CRUZ (2013, pp. 119-137).

Función ornamental

Defendida por el naturalista Sabin Berthelot y el profesor René Verneau. Posteriormente adoptada por el investigador Diego Ripoche y Torrens, y el doctor Juan Bethencourt Alfonso.

Según esta hipótesis, las pintaderas se utilizarían para la decoración corporal de los indígenas y/o para adornar artículos domésticos como tejidos y cerámicas. A favor de esta teoría puede argumentarse el testimonio de las crónicas primitivas que aseguran que los antiguos canarios se pintaban e incluso tatuaban el cuerpo, aunque sin precisar qué instrumentos empleaban para ello. Por otro lado, algunos restos de confecciones textiles indígenas muestran motivos geométricos trazados mediante algún tipo de plantilla. Sin embargo, la práctica inexistencia de residuos tintóreos en las pintaderas recuperadas hace poner en cuestión esta idea.

Función sigilar

Aducida por el profesor Carlos Pizarroso y Belmonte, y desarrollada en la década de 1940 por los profesores Georges Marcy y Dominik Josef Wölfel. Según este punto de vista, la función de las pintaderas sería la de sello en alguna de sus variantes –blasón individual, familiar o tribal; marca de propiedad, etc.–, bien empleando tintes, bien mediante impresión sobre material plástico –arcilla–.

Existen testimonios en las fuentes etnohistóricas sobre el uso de emblemas personales entre los indígenas. Por su parte, Marcy observó paralelismos entre las pintaderas, los silos grancanarios y los sellos utilizados en los graneros bereberes de la región argelina de Aurès. En cualquier caso, no se han hallado evidencias del posible papel desempeñado por las pintaderas en dichos contextos ni de su relación con los sellos y tampones continentales.[5]ONRUBIA (1986).

Función ideográfica

Argumentada por el doctor Gregorio Chil y Naranjo, y por el historiador Agustín Millares Torres. En este caso, la función de las pintaderas adquiriría sentido, bien en un contexto mágico-religioso –amuletos, instrumentos de sanación, de invocación de fuerzas místicas, etc.–, bien como portadoras de contenidos semánticos –ideogramas– relacionados con la utilización de un lenguaje social simbólico, por ahora indescifrable aunque presumiblemente independiente de las inscripciones líbico-bereberes adscritas a la antigua cultura insular.

 Las investigaciones llevadas a cabo recientemente por las doctoras Cruz de Mercadal y Delgado Darias apoyan esta hipótesis (véase el último apartado).

Algunas reflexiones sobre las pintaderas

¿Cuál pudo ser la verdadera función de estos objetos? Nuestras observaciones al respecto son las siguientes:

  • Desde un punto de vista contextual:
    • Se trata de elementos con presencia relativamente abundante en los yacimientos arqueológicos grancanarios y generalmente asociados a núcleos poblacionales, por lo que debieron de ser objetos de uso frecuente.
    • Aparecen escasamente reflejados en las fuentes etnohistóricas, por lo que, al contrario que las ofrendas lácteas y la idolatría, su utilidad debió de pasar inadvertida a los conquistadores y cronistas o, al menos, estos no juzgaron importante su consignación.
    • Parece evidente que su uso estaba intrínsecamente ligado a ciertos aspectos exclusivos de la cultura indígena grancanaria que se volvieron irrelevantes o incompatibles con las estructuras coloniales, ya que dicho empleo se extingue presumiblemente tras la conquista. No ocurre lo mismo con otros objetos, como los molinos manuales de cereal, las elaboraciones alfareras y otros utensilios pertenecientes a la vida cotidiana que no se vieron inicialmente desplazados o descartados por la nueva sociedad colonial.
  • Desde un punto de vista ergonómico:
    • No parece que su uso fuese el de sellos de tinte, ya que apenas se han encontrado restos de este tipo de producto en las numerosas pintaderas halladas –salvo como cobertura de las mismas y solo en unas pocas–. Por otro lado, los patrones tintóreos que aparecen en los materiales cerámicos y textiles indígenas supervivientes parecen trazados en su mayor parte a mano alzada, y en cuanto a la hipótesis de su aplicación sobre piel humana, resulta improbable una confirmación física por motivos evidentes. Hay que hacer notar aquí, no obstante, que muchas de las pintaderas incorporadas a las primeras colecciones etnográficas fueron sometidas a lavado tras su hallazgo, aparte de a otros procesos alterantes de su estado original.
    • La presencia de un apéndice perforado en la práctica totalidad de las pintaderas encontradas sugiere un elemento colgante, aunque en nuestra opinión no de tipo amuleto u ornamental, pues de ser así, sería plausible que los motivos geométricos del campo deberían de quedar expuestos a la vista de otras personas y no hacia abajo, hacia los pies del portador –salvo que alguna consigna cultural indígena dictase proceder de otra manera–. Por tanto, el apéndice –mango, en este caso– refuerza la idea de sello, y la perforación, la de colgante con el fin de facilitar al portador el ocupar sus manos con otras tareas mientras no utiliza el objeto.

Si en efecto nos encontrásemos ante un sello no tintóreo, ¿de qué clase de sello estaríamos hablando? Destaquemos dos de las hipótesis existentes al respecto:

Las pintaderas como marcas de propiedad de silos

En ausencia de restos tintóreos, nuestra opinión tiende a decantarse por la teoría de las marcas de propiedad; es decir, una pintadera sería un sello de identificación, no exclusivamente destinado a señalar estatus social o pertenencia a una unidad familiar o linaje, sino la posesión de un bien y, complementariamente, la autorización para acceder a este. Una fusión entre documento de identidad y llave.

Sabemos que las crónicas de la conquista atestiguan la existencia de graneros comunales en Gran Canaria, posiblemente custodiados por guardianes a turnos bajo el control de la nobleza indígena.[6]Por ejemplo, MORALES (1978, p. 436).

Si los miembros de cierta comunidad –clan, familia, etc.– destinaban una parte de su cosecha a cierto granero colectivo, posiblemente llevarían el grano –y puede que otros productos no perecederos– en recipientes cerámicos y los depositarían en uno o varios de los nichos que componen los silos, que luego serían convenientemente cerrados bajo la supervisión del guardián a cargo.

El cierre se efectuaría de manera segura, no sellando con tinte la puerta del nicho, sino imprimiendo en seco los motivos del campo de la pintadera sobre una pella o placa de arcilla semisolidificada, lacrando el cierre de la puerta. Un ejemplo análogo lo encontramos en los sellos de los graneros fortificados de la región argelina de Aurès, referidos por el profesor Marcy.

Si el vigilante del granero desease comprobar la identidad de un contribuyente que pasase a recoger sus provisiones antes de permitirle la rotura del sello, podría verificar mediante simple inspección visual la equivalencia entre la pintadera de la persona interesada y la marca impresa en el material plástico. Con las disposiciones más sencillas de la matriz geométrica hasta sería posible una comprobación definitiva, verificando que la pintadera encajase físicamente en el negativo impreso sobre la placa o pella. Luego, el portador del grano podría encaminarse a su destino cargando los recipientes de alimento, con el sello cómodamente colgado. De esta forma, se tendría un medio de identificación difícil de falsificar.

La confirmación a esta teoría presumiblemente podríamos encontrarla en los silos menos expoliados, aunque se nos antoja difícil encontrar en buen estado una placa de barro como la que imaginamos, con el negativo del sello aún impreso.

Reiteración de patrones compositivos en pintaderas procedentes de distintas áreas geográficas de Gran Canaria (fuente: CRUZ (2013), p. 142.).

Las pintaderas como ideogramas

Como hemos apuntado anteriormente, las autoras del catálogo de pintaderas de El Museo Canario, las doctoras María del Carmen Cruz de Mercadal y Teresa Delgado Darias sostienen la hipótesis de una función ideográfica para estos objetos, basada en la reiteración de los patrones geométricos del campo en diversos ejemplares encontrados en localizaciones apartadas entre sí, lo que reforzaría la idea de la reutilización consciente de esquemas compositivos similares y, presumiblemente, su relación con cierta simbología identitaria, propia de la sociedad indígena grancanaria.[7]CRUZ (2013, pp. 139-147).

Al respecto de las líneas de investigación sobre la configuración geométrica de las pintaderas, queremos destacar la reciente presentación de la tesis doctoral del doctor José Molina González, titulada Las pintaderas de terracota de Gran Canaria. Estudio morfotecnológico y funcional.

Continuará…

Antonio M. López Alonso

Referencias

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