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El Gánigo de Guadajume (1/2): ¿un pacto de colactación en La Gomera?

Estatua idealizada de Pedro Hautacuperche sita en Valle Gran Rey, La Gomera, obra del escultor Luis Arencibia. Sostiene en su diestra el Gánigo de Guadajume, ya roto, y en la izquierda el arma con la que mató a Fernán Peraza el Joven, dando inicio a la rebelión gomera de 1488 (fuente: Erik Baas / Wikimedia Commons).

Al pueblo gomero, valiente y hermoso, con cariño y respeto.

Noviembre de 1488. Un hombre vestido de mujer cae asesinado en las cercanías de una cueva. Momentos después, en alas de un ancestral lenguaje silbado, el eco de los profundos barrancos de La Gomera portan una consigna: «ya se quebró el Gánigo de Guadajume».

La víctima era Fernán Peraza el Joven, señor castellano de la Isla e hijo favorito de Doña Inés Peraza, quien pocos meses antes había constituído en el segundo de sus vástagos varones el mayorazgo del Señorío de las islas de Canaria, extinto de facto desde hacía más de un decenio. El verdugo, Pedro Hautacuperche, pastor que apacentaba su rebaño en el Plan de Asisel, frente a la imponente mole del roque Agando.

Es tradición entre los naturales de La Gomera sentenciar que la suya fue la única de las Islas Canarias que nunca fue conquistada por los europeos. Pero lo cierto es que la muerte del mandatario castellano recibió como respuesta una de las más cruentas represalias llevadas a término sobre el Archipiélago.

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La muerte de Guillén Peraza

Los posibles restos de Guillén Peraza, marcados con el número 4, descubiertos durante la excavación arqueológica dirigida por los profesores Bertila Galván Santos y Juan Francisco Navarrro Mederos realizada en la iglesia de la Asunción, San Sebastián de La Gomera (fuente: PÉREZ (2005), p. 294).

Entre los años 1979 y 1980, un equipo de arqueólogos dirigidos por los profesores Bertila Galván Santos y Juan Francisco Navarro Mederos ejecutó una excavación de urgencia en la iglesia de la Asunción (San Sebastián de La Gomera), edificio que iba a ser sometido a una importante reforma. En el nivel más profundo de los enterramientos situados en la antigua Capilla Mayor, debajo de los restos de otros difuntos, los expertos descubrieron el esqueleto de un varón joven que presentaba una fractura lateral de cráneo y que descansaba en una orientación oblicua respecto a la de la nave del templo. La presencia de una blanca –moneda castellana acuñada durante el reinado de Enrique IV– en un nivel inmediatamente superior al de los restos permitió datar el enterramiento como anterior a 1471. Fragmentos de azulejos andaluces y escombros de piedra y barro permitieron aventurar la existencia de una antigua ermita, orientada de manera diferente a la actual iglesia, lo que explicaría la inusual posición del cadáver.[1]NAVARRO (1984), pp. 588-590, 593-594.

Aún sin contar con las modernas técnicas de identificación genética, las evidencias sugerían un nombre de manera casi incontestable: aquel joven debía tratarse de Guillén Peraza, único hijo varón legítimo de Fernán Peraza el Viejo.

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