"Los dichos canarios no podrían vivir": Regreso al Pacto de Calatayud

Fragmento del folio 1v. del manuscrito RGS-1515-01-32 que contiene traslado de la llamada Carta de Calatayud (fuente: Archivo General de Simancas)

[…] por cuanto los dichos canarios no podrían vivir sin venir a estos nuestros reinos de Castilla y de León a mercar […](Carta de Calatayud, 30 de mayo de 1481)

FIRMA INVITADA: CECILIA CÁCERES JUAN

Este 30 de mayo, Día de Canarias, celebremos que los canarios vivían sin ir a los reinos de Castilla y de León a mercar. Viven y vivirán.

En solo una frase del llamado Pacto o Carta de Catalayud, firmado por los Reyes Católicos y un anónimo guanarteme el 30 de mayo de 1481, quedó reflejada la aparentemente súbita descomposición de la autarquía que durante siglos sustentó la vida de los antiguos canarios.

Este breve artículo examina, mediante un análisis subjetivo de la documentación relevante, los efectos del pacto en la identidad canaria en relación al argumento, o ethos, de la frase citada. Para contextualizar este extracto, debemos de tener en cuenta ciertos mitos conectados al pacto, como la creencia de que este dio origen al Día de Canarias.

Dos 30 de mayo diferentes

Agarrada de dos luchadores canarios en el antiguo Circo Cuyás (Las Palmas, Gran Canaria), a principios del siglo XX. La lucha canaria es uno de los deportes autóctonos vinculados a un posible origen precolonial (fuente: Memoria Digital de Canarias).

Fiesta, música y color toman las calles el 30 de mayo, conocido como el Día de Canarias”. Esta festividad, celebrada en todas las islas, conmemora el aniversario de la primera sesión del parlamento de Canarias, en Santa Cruz de Tenerife en 1983, y no la firma del Pacto de Catalayud, como se ha afirmado en ocasiones. Entender este supuesto pacto como la victoria final del trono castellano en su campaña de incorporación de las islas silencia siglos de resistencia canaria ante las principales potencias europeas y, finalmente, ante la propia Castilla.

En efecto, puesto que lo acordado en Catalayud solo era aplicable a una facción de los indígenas grancanarios, ya que parte de su isla seguía insumisa al tiempo de firmarse la carta, dos islas –La Palma y Tenerife– permanecían resistiendo los intentos de conquista, y otras cuatro –Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro y La Gomera– estaban bajo dominio señorial castellano, ello refleja cómo la narrativa hegemónica que subyace en este documento inspiró erróneamente un escenario de sometimiento canario después del pacto.

Sin embargo, se puede apreciar una continuidad en la resistencia canaria en casos como la rebelión gomera de 1488. Con todo, es después del segundo viaje de Colón a América, cuando “Canarias había cambiado ya con su sometimiento y dislocación de todos los valores del pueblo indígena”[1]MORALES PADRÓN (1978), p. 37., que la posición geoestratégica de las islas impelió el apaciguar ulteriores levantamientos, lo que demuestra la existencia de una historia que directamente contradice lo dicho en y sobre el Pacto de Catalayud. El mantenimiento de poblados y asentamientos indígenas canarios, el motín de Agüimes para evitar el robo de las tierras en explotación en 1718-1719[2]BÉTHENCOURT MASSIEU (2001)., y los de Tejeda y Artenara, entre otras poblaciones, en 1817 y 1819[3]SUÁREZ GRIMÓN (1988)., cuentan un relato en el que este y otros pactos, y sobre todo su violación por los castellanos, “motivó un sentimiento de desconfianza y rebeldía que fue causa de la prolongada resistencia indígena”[4]MORALES PADRÓN (1978), p. 63..

Aunque los ejemplos de resistencia canaria contra los colonos europeos, sobre todo cuando no se mantenía lo prometido, son muchos, no podemos pretender analizar los efectos del pacto, particularmente en cuanto a sus efectos sobre la transición a la identidad canaria moderna, sin un análisis de lo ocurrido antes. Esto nos ayuda a entender su relevancia en el proceso “voluntario” de desprendimiento de identidades indígenas para la acumulación de capital social, dando pie a un contexto que permite imponer políticas de neoliberalización de la economía, “que entienden a los seres naturales como mercancías destinadas a satisfacer las demandas de producción, reproducción y acumulación del capital”[5]ARISPE et al. (2007), p. 8.. Puede apreciarse entonces una relación entre la transición hacia la identidad canaria moderna y la institucionalización del colonialismo y del capitalismo.

Para analizar esta relación, es habitual remontarse sobre todo al periodo 1402-1481 en Gran Canaria. Además, dilucidar qué nos dice la frase sobre los procesos de aculturación, evangelización y la propia actividad comercial de los isleños anteriores al Pacto de Calatayud conlleva su contextualización no solo en el pasado, sino también en el presente y futuro. Este entendimiento de un tiempo no lineal en Canarias ayuda a sacar a la luz “pasados negados” y “silenciados” dentro del canon de la historia y la estética occidental, trayendo al presente y al futuro otros pasados conectados en otros tiempos “a los que el orden moderno colonial no nos da acceso”[6]VÁZQUEZ et al. (2016), p. 82.. Volvamos pues a las celebraciones del Día de Canarias.

El 30 de mayo celebra lo que la Segunda República permitió constituir a partir de 1931: una comunidad autónoma en Canarias, pero que no se pudo llevar a cabo hasta 1983 por el golpe de estado franquista. Sin embargo, el Pacto de Catalayud, firmado el mismo día por casualidad pero más de quinientos años antes, nos recuerda que aunque el 30 de mayo celebre ese modelo de autonomía, para el pueblo canario, un pueblo colonizado, “la independencia nunca llegó”[7]PÉREZ FLORES (2018), p. 5. Pero no por dependencia de los reinos de Castilla y de León para mercar, u otros mitos sobre el Pacto de Catalayud. Las historias del pueblo canario, incluyendo aquellas sobre comercio, preceden no solo al actual Reino de España, sino también a la Corona de Castilla, al Califato Omeya, al Reino de Portugal, a la Hispania visigoda, y demás nombres dados a las distintas formas de gobierno o soberanía de territorios en la península ibérica. Las fuentes primarias demuestran no solo cómo la población primigenia del archipiélago había sobrevivido exitosamente de manera autárquica durante siglos, sino cómo también se había comunicado y comerciado con gentes del exterior, además de haber resistido sucesivos intentos de invasión, así como incursiones piráticas y esclavistas.

Aculturación y desculturación: “los dichos canarios no podrían vivir

Las pruebas que desmienten la presunta incapacidad mercante de los indígenas canarios son múltiples, como por ejemplo los “testimonios de mercaderes andaluces que comercian en diferentes islas, incluidas Gran Canaria y el resto de las comarcas isleñas aún no sometidas”[8]ONRUBIA PINTADO (2002), p. 2. También, cuando a los primeros conquistadores normandos y castellanos los antiguos mahos “les traían abundantes higos y sangre de drago que cambiaban por anzuelos de pesca y por viejas herramientas de hierro y por agujas para coser; y obtuvieron sangre de drago que valía 200 doblas y todo cuanto les entregaron no valía dos francos.“[9]SERRA et al. (1964), p.72.. Se puede inferir entonces un proceso de mutación identitaria, producto de los procesos de aculturación y desculturación, ya bastante avanzados en plena conquista de Gran Canaria.

Ídolo de figura antropomórfica procedente de los términos municipales de Guía o Gáldar (fuente: El Museo Canario, registro 2902, colección de arqueología de Gran Canaria)

El profesor Jorge Onrubia Pintado define a una sociedad como aculturada cuando, al precio de adaptaciones y reelaboraciones a veces considerables, el mantenimiento del antiguo orden social, de las tradiciones y de los valores todavía es posible”, y a la desculturación como “el punto en el que la destrucción brutal de las bases económicas de esa sociedad trae consigo la disgregación de los grupos sociales y las extenuación de las tradiciones culturales”. La utilidad de estos conceptos en desmentir los mitos en y sobre el Pacto de Calatayud es que, como refleja la transición histórica que vive Gran Canaria entre mediados del siglo XIV y los primeros años del siglo XVI, una primitiva aculturación es “seguida por una auténtica desculturación causada por la conquista y repoblación de la isla”, aunque “es difícil no ver hasta qué punto ambas se integran en una misma dinámica colonial deliberadamente orientada a socavar y destruir los fundamentos mentales y materiales del espacio social aborigen”[10]ONRUBIA PINTADO (2003), pp. 46-47. Esto explicaría cómo los canarios que se habían rendido “no podían vivir sin comerciar con Castilla”, pese a haberlo hecho durante siglos antes de ser colonizados por este reino.

La pertinencia de lo que un análisis de la Carta de Catalayud nos dice sobre la identidad canaria se pone de manifiesto mediante el concepto de colonialidad. Bajo un análisis subjetivo decolonial y marxista de una fuente objetiva, la frase que ponemos en cuestión nos sugiere por qué el Producto Interior Bruto per cápita de Canarias es el mas bajo de España hoy, siglos después. La modernidad, o “colonialidad”, es un término creado por Aníbal Quijano y desarrollado por Walter Mignolo, entre otros muchos académicos, que explican la continuidad del colonialismo como base de lo que llamamos modernidad[11]QUIJANO (2007); MIGNOLO (2011).. En ausencia de colonialismo, la colonialidad ayuda a explicar sus efectos hoy en día. Por tanto, se puede trazar una clara relación entre la identidad canaria de hoy y los procesos de acumulación primitiva, que sugiere presiones estructurales que limitan la voluntad individual. Durante el proceso de aculturación, se aprecia en Canarias un modelo anterior a la criollización llevada a cabo en las Antillas, Caribe y resto de Américas[12]PÉREZ FLORES, 2018, p. 4., que, añadido a diásporas y migraciones, explica similitudes entre las identidades hispanoamericanas y canarias. La imposición del género binario, la racialización de las personas, y la degradación de la vida ante el capital son parte de la colonialidad compartida por los territorios que abrazan el Atlántico.

Desplazamientos involuntarios de seres vivos entre África y América (fuente: PÉREZ FLORES (2017), p. 329).

Como el pacto de Catalayud revela que ese “no podrían vivir” sin dependencia de la Corona de Castilla es un producto del proceso de aculturación, dicha expresión debe de contextualizarse, entendiendo el periodo y contexto previos al documento en sí para no naturalizarla o tomarla como un hecho. Este es un periodo que “representa la fase de mayor intensidad de una dinámica de aculturación inaugurada en el segundo tercio del siglo XIV”. La completa desculturación de la formación social indígena, seguida de un derrumbamiento demográfico por la esclavitud y migraciones voluntarias e involuntarias, entre otros procesos, acabó en el “aniquilamiento de las formas de expresión pública del universo mítico-ritual autóctono”[13]ONRUBIA PINTADO (2002), p. 2047.

Por lo hasta aquí expuesto, se puede inferir un sentimiento de supervivencia frente al capitalismo y expansión imperial (y luego modelo de nación-estado) impuesto en las islas como posible motivación para tal drástico cambio social, al conllevar una profunda reconfiguración espacio-temporal. Por ello termino proponiendo la pregunta de qué relación podemos sacar entre los procesos de aculturación y desculturación en Canarias y la imposición de prácticas y subjetividades centradas en el saqueo de bienes comunes y la depredación de la propia naturaleza, incluyendo tierra, animales y personas, es decir, vida.

En definitiva, cada 30 de mayo nos ofrece la ocasión de cuestionar las subjetividades heredadas por el Pacto de Catalayud, sobre todo frases refutables históricamente como es la de que “los dichos canarios no podrían vivir sin venir a estos nuestros reinos de Castilla y de León a mercar”.

Cecilia Cáceres Juan

Bibliografía

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