San Marcial del Rubicón: Ensayo de un drama

Barranquillo y sendero que conduce hasta el yacimiento de San Marcial del Rubicón (Lanzarote).

Barranquillo y sendero que conduce hasta el yacimiento de San Marcial del Rubicón, Lanzarote (fuente: PROYECTO TARHA).

Et demourerent euls et ceuls de l’isle Lancelot en bon accord. Apres commencerent un chastel qui s’apelle Rubicom, et laisserent la une partie de leurs gens;

Y quedaron bien acordados ellos y los de la isla de Lanzarote. Después empezaron un castillo que se llama Rubicón, y dejaron allí parte de sus gentes;

Le Canarien (texto G) –SERRA (1964), pp. 24-25–.

Sus protagonistas nunca llegaron a saberlo. Probablemente tampoco lo hará la mayoría de los cientos de turistas que semanalmente se tienden al sol a tan solo unos pasos de distancia. Pero sobre la arenosa desembocadura de este humilde barranquillo se llevó a cabo, hace más de seiscientos años, un experimento de gran trascendencia histórica.

Una torre, una iglesia y un catecismo. La Espada, la Cruz y la Palabra. Levantadas sobre dos lomas de escasa altura pero adueñadas y vigilantes del más valioso de los botines: el agua que reposa en el seno de varios pozos en la costa suroeste de Lanzarote. Muy cercano sobre el mar, el horizonte de la próxima conquista: el islote de Lobos y, detrás, la isla de Fuerteventura.

Béthencourt y De la Salle

Jehan IV de Béthencourt y Gadifer de La Salle, primeros conquistadores de las Islas Canarias (fuente: The British Library).

Tras apoderarse de Lanzarote con el patrocinio de la Corona de Castilla, el barón normando Jehan IV de Béthencourt y su socio, el caballero francés Gadifer de La Salle, fundaron aquí la primera ciudad colonial reconocida por la cristiandad del llamado Viejo Continente. En efecto, desde la ciudad francesa de Marsella, mediante bula fechada en julio de 1404, el declarado antipapa Benedicto XIII decretaba la constitución del Obispado de Rubicón. La iglesia de San Marcial se erigía así en catedral, y el pequeño campamento fortificado de los conquistadores franconormandos y castellanos, en ciudad.

Pero la importancia de este lugar no se debe tan solo al hecho notabilísimo del establecimiento de la primera colonia europea de la Edad Moderna en el Atlántico, sino además, y sobre todo, a su carácter como escenario de la puesta en práctica de las técnicas de guerra, logística, evangelización y desculturación de una sociedad antropológicamente extraña a la europea. Técnicas que seguirían ensayándose durante el resto de la conquista de Canarias a lo largo de casi un siglo y cuya sistematización a gran escala culminaría, casi nueve décadas después, en la conquista de América.

A la vista de estos hitos, es fácil comprender el enorme valor arqueológico y, desde luego, histórico de este emplazamiento. Y, sin embargo, a pesar de su declaración en 2003 como Bien de Interés Cultural con la categoría de Zona Arqueológica, es de lamentar la escasa publicidad de la que goza este tesoro patrimonial.

Comencemos por las indicaciones de acceso a partir del núcleo urbano más próximo: Playa Blanca. Estas se limitan a algunas parcas señalizaciones de críptico significado –S. M. del Rubicón–, al menos para cualquier persona que desconozca la historia antigua del Archipiélago, abundando en su lugar los letreros que hacen referencia a la Torre del Águila, las playas de Papagayo o, como no podía ser menos, a los múltiples establecimientos hoteleros de la zona.

Al no haberlo utilizado, desconocemos si el sendero de acceso a las playas que discurre paralelo a la costa presenta alguna señalización complementaria pero, desde luego, el acceso principal a las playas del Monumento Natural de Los Ajaches –una carretera de tierra muy transitada por vehículos de motor, custodiada por una garita y barrera en la que el Ayuntamiento de Yaiza solicita a los visitantes no residentes un peaje de 3 euros por turismo– carece absolutamente de cualquier indicación sobre la localización del yacimiento, omisión que se mantiene a lo largo de todo el recorrido a pesar de que todas las playas del área están perfectamente señalizadas.

Situados en Playa Mujeres, justo a poniente del yacimiento, tomamos el sendero que asciende en sentido sureste, no sin fijarnos antes en la curiosa coloración de las peñas que delimitan la playa y que sospechamos inspiró el nombre francés del castillo –rubicond (rubicundo), Rubicón–.[1]El término castillo hace aquí referencia al establecimiento europeo en su totalidad y no solo a la torre. Véase TEJERA (1989), p. 68.

Peñas del Rubicón.

El color bermejo de las peñas cercanas posiblemente dio origen al nombre del campamento normando: rubicond (rubicundo), Rubicón (fuente: PROYECTO TARHA).

Tras remontar el sendero y avanzar unos doscientos metros hacia el sureste, comienza una bajada desde la que se vislumbra el yacimiento, que en la lejanía pasa bastante inadvertido frente al amplio goro de mojones utilizado para delimitarlo –y que, al no presentar ningún indicio acerca de su función, desvía la atención del caminante hacia el mismo–, así como ante el destello de los vehículos que saturan los aparcamientos cercanos a la playa de Papagayo. La única pista sobre la peculiaridad de lo que vamos a encontrar nos la da el conjunto de carteles situados en el fondo del barranquillo, que antecede a unos simples muretes de factura moderna que rodean áreas aparentemente rectangulares y cuya presencia, aunque un tanto anómala en este contexto de sol y playa, no resulta especialmente destacable.

 

El yacimiento de San Marcial del Rubicón

El yacimiento de San Marcial del Rubicón desde el principal sendero de acceso al mismo. Se observa el amojonamiento circundante así como los carteles informativos, los muretes que protegen los pozos y, sobre el horizonte, el aparcamiento de los usuarios de las playas de Papagayo. A la derecha, la Playa del Pozo. A la izquierda, el sendero de acceso a la plataforma que estuvo ocupada por la iglesia catedral de San Marcial (fuente: PROYECTO TARHA).

Al llegar junto a los pozos se observa que estos han sido protegidos lateralmente con los citados muretes de piedra y verticalmente con enrejado de hierro. La tipología de los dos pozos principales es mixta, combinando el acceso al agua mediante el método tradicional de brocal con el de rampa escalonada.

Sobre la cercana plataforma situada en la ladera izquierda del barranco, en cota inferior a la del actual aparcamiento, se erigió la catedral de San Marcial, probablemente destruida varias veces a lo largo de  su vida útil debido a los ataques piráticos, hasta que la advocación fue trasladada al pueblo de Yaiza, en el interior de la Isla, el año de 1630, aunque la sede episcopal se había mudado a Gran Canaria tras la finalización de la conquista de esta última.

Placa conmemorativa

Placa conmemorativa del VI Centenario de la Diócesis Canariense-Rubicense (fuente: PROYECTO TARHA).

Sitio de la iglesia de San Marcial.

Emplazamiento de la iglesia catedral de San Marcial. Sobre el espolón del otro lado del barranco se ubicaba la torre del Rubicón. A la izquierda se observa uno de los pozos. (fuente: PROYECTO TARHA).

En cuanto a los pozos del Rubicón, la tradición asevera la existencia de al menos siete, aunque hoy en día solo se conocen cuatro –Pozo de San Marcial, Pozo de la Cruz, Pozo de la Pila y Pozo de las Cabras–,[2]TEJERA (1989), pp. 24-42. tres de los cuáles permanecen operativos: los dos primeros bajo control del Consorcio del Agua de Lanzarote y el cuarto, accesible al público por ser el de menores dimensiones y no ofrecer peligro alguno.

 

Aunque la mampostería de los pozos parece obra de los franconormandos,[3]En la crónica Le Canarien se menciona varias veces la presencia en Lanzarote de un albañil y capataz, Jehan le Masson –por ejemplo, SERRA (1960), p. 322–, al frente de una cuadrilla de albañiles y carpinteros. es posible que las excavaciones originales fuesen de factura indígena, lo que explicaría el citado método mixto de acceso al agua, sin precedentes en construcciones europeas similares.[4]TEJERA (1989), pp. 42-43. A ello se suma la existencia de grabados indígenas en algunas de las unidades constructivas de los pozos, entre los que destacan varios podomorfos –abundantes, por otro lado, en Lanzarote y Fuerteventura– y una representación antropomorfa que los profesores Antonio Tejera Gaspar y Eduardo Aznar Vallejo relacionan con la diosa púnica Tanit.[5]TEJERA (1989), pp. 43-55.

grabados_pozo_de_la_cruz

Algunos de los grabados indígenas presentes en el Pozo de la Cruz, entre los que destaca un presunto signo de Tanit, arriba a la derecha —fuente: TEJERA (1989), p. 45—.

 

Producto de las excavaciones arqueológicas realizadas en 1960 por los hermanos Serra Ràfols, y en 1986 y 1988 por los citados profesores Antonio Tejera Gaspar y Eduardo Aznar Vallejo, quedaron al descubierto los cimientos de la torre y sus anexos, restos de casas indígenas, la planta de la iglesia catedral y una necrópolis asociada a esta última,[6]TEJERA (1989), pp. 67-70. procediéndose posteriormente a su completa cobertura con fines de protección. Sin embargo, el yacimiento es susceptible de nuevas investigaciones que esperemos se lleven a cabo lo antes posible con el fin de poner en su justo valor estos bienes patrimoniales.

Antonio M. López Alonso

REFERENCIAS

 

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