Esenciales (XIII): La Cuarta Década de Alfonso de Palencia y la obra perdida sobre las costumbres y religiones de los canarios

Fragmento del folio 548v. del Universal vocabulario en latín y en romance (1490) de Alfonso de Palencia donde declara haber escrito una obra sobre las costumbres y religiones de los canarios (fuente: Biblioteca Virtual de Andalucía / PROYECTO TARHA -recuadros-).

Desgraciadamente todo esto no nos suple la falta de la obra de Alonso de Palencia, cuya pérdida siempre deploraremos, por las noticias canarias de primera mano que suministraría y por ser la primera información castellana del costumbrismo indígena de Gran Canaria.

Prof. Juan Álvarez Delgado (1963) –Alonso de Palencia (1423-1492) y la historia de Canarias, p. 77–

Negoció en nombre de los Reyes Católicos las capitulaciones que precedieron a la invasión realenga de Gran Canaria, supervisó y coordinó la logística de las expediciones de conquista puestas bajo el mando de Juan Rejón en 1478 y 1479, y poco después propuso personalmente a Pedro de Vera como el hombre más cualificado para finiquitar la guerra de Canaria, enquistada desde su inicio por las rencillas interpersonales de los capitanes castellanos y la enérgica resistencia indígena.

Con estos antecedentes, nadie sospecharía que Alonso o Alfonso de Palencia (Palencia, 1423 – Sevilla, 1492) fue el autor del primer estudio monográfico dedicado por entero a la cultura y la religión de los antiguos canarios. Y es cierto que un análisis somero del personaje y de su extensa producción literaria hace difícil encontrar en la Castilla de su época un individuo mejor relacionado y preparado para afrontar un trabajo de esta índole.

Clérigo educado en el ambiente intelectual del carismático converso Alfonso de Cartagena, obispo de Burgos y destacado jurista redactor del informe presentado por Castilla ante el concilio de Basilea alegando derechos de esta sobre Canarias frente a las pretensiones de Portugal, Alfonso de Palencia consagró toda su vida a la alta política y la diplomacia, sin olvidar su pasión por el humanismo más erudito, cultivado durante su estancia en Florencia y Roma como joven diplomático. En esta primera época de su vida profesional, Palencia trabó amistad con diversos humanistas entre los que destacan el cretense Georgios Trapezuntios, de quien fue discípulo, y el librero Vespasiano da Bisticci, recibiendo sólida formación como latinista, lexicógrafo, copista y traductor.

Retornado a tierras hispanas en 1453, año de la toma de Constantinopla por el ejército otomano, Palencia se avecinda en la ciudad de Sevilla sentando allí su residencia habitual y desde donde impulsará su meteórico ascenso en la corte castellana: primero como cronista y secretario de los reyes Juan IIEnrique IV, puestos a los que después añadiría el de consejero de los Reyes Católicos tras intervenir en la firma de las capitulaciones matrimoniales acordadas entre estos. Sin embargo, como partidario incondicional de Fernando el Católico y de la ley sálica aragonesa, Palencia nunca vio con buenos ojos las intenciones de la reina Isabel I, apoyada por su hombre fuerte, el cardenal Pedro González de Mendoza, de asumir el control absoluto sobre el trono castellano en detrimento del interés de su esposo. En consecuencia, la relación entre monarca y consejero estuvo presidida por una soterrada y mutua desconfianza que culmina en la destitución de Palencia como cronista real, siendo reemplazado por Hernando del Pulgar tras las cortes de Toledo de 1480. Años más tarde, la reina trataría de reconciliarse con el palentino confiándole algunos encargos compatibles con la avanzada edad de aquel, entre los que destaca la composición del primer diccionario bilingüe latín-castellano, el Universal vocabulario en latín y en romance, dos años anterior al de Elio Antonio de Nebrija.

Cronista y coprotagonista: los Gesta Hispaniensia

[…] ahora me veo obligado a escribir cosas que hacen temblar la pluma; no es extraño que decaiga mi estilo y se ofusque mi intelecto ante la vileza de la materia, que no ofrece nada glorioso.

Alfonso de Palencia (Prólogo a los Gesta Hispaniensia)

De vivir en nuestro tiempo, Alfonso de Palencia sería un consumado maestro de la novela histórica y de la crónica periodística. El ritmo que imprime a la narración de los hechos, sus continuas faltas de respeto a la canónica y seca linealidad del relato cronístico y el descaro con el que recurre a diversas mañas para mantener secuestrada la atención de sus lectores —retrospecciones, interrupciones temporales de la acción, introducción de subtramas, uso selectivo del tiempo presente— son atributos que deberían bastar a no pocos autores modernos para incluir a Palencia entre sus modelos de cabecera, aún a seis siglos de distancia. Sumemos a estos rasgos estilísticos el trato abiertamente crítico, agresivo por momentos, que Palencia dispensa a sus personajes, incluso a aquellos por los que siente mayor afinidad. Y es cierto que estamos ante un autor que usa la pluma no solo para escribir historia, sino para diseccionarla, con la autoridad del que ha sido testigo, directa o indirectamente, de los hechos narrados.

El ejemplo más claro de la destreza narrativa de Palencia lo constituyen las llamadas Décadas –por imitar la estructura clásica de la decas latina: diez partes o libros de diez capítulos cada uno–, parte del gran proyecto inacabado de escribir la historia de las coronas hispanas desde el reinado visigodo hasta los hechos vividos por el autor, ampliando la ya agotada perspectiva local de otros cronistas para incluir las relaciones internacionales. Aunque el propio Palencia intituló su obra Gesta Hispaniensia Hechos de España-, bibliógrafos y editores posteriores han preferido hacer informal mención a esta como Décadas de Alfonso de Palencia.

Se conocen cuatro décadas incluidas en dicho proyecto: las dos primeras comprenden el reinado de Enrique IV de Castilla y constituyen una feroz crítica contra este monarca, pues Alfonso de Palencia se había unido al partido de la alta nobleza que apoyaba la entronización del adolescente hermanastro del rey, el infante Alfonso de Castilla, intitulado Alfonso XII. Muerto este prematuramente en 1468, los nobles rebeldes dieron continuidad a esta pretensión aupando a la hermana del finado, la infanta Isabel, que acabaría imponiéndose como reina de Castilla tras fallecer Enrique IV en 1474 y vencer a Portugal en la guerra de sucesión al trono castellano, donde los lusitanos pretendían sentar a la presuntamente ilegítima princesa de Asturias, Juana la Beltraneja. La tercera década recoge el ascenso al poder de Isabel la Católica y los cuatro primeros años de su reinado junto a Fernando de Aragón, de 1474 a 1477.

Estas tres primeras décadas fueron traducidas de latín a castellano y publicadas en cuatro volúmenes entre 1904 y 1908 por el bibliógrafo Antonio Paz y Meliá, bajo el título un tanto equívoco de Crónica de Enrique IVLa primera década fue objeto entre 1997 y 1998 de una nueva edición en dos volúmenes, esta vez bilingüe y más respetuosa con el texto original, por cuenta de los profesores Brian TateJeremy Lawrance.

Castillo de Santa Bárbara al borde del cráter del volcán Guanapay en Teguise (Lanzarote), antigua capital del Señorío de las islas de Canaria. Los intentos de sabotaje a la conquista de Gran Canaria por parte de doña Inés Peraza fueron relatados por Alfonso de Palencia en su Cuarta Década (fuente: PROYECTO TARHA).

Palencia y Canarias: la Cuarta Década

Únicamente la perseverancia en una guerra futura era para los nuestros la única esperanza de someter a Canaria.

Alfonso de Palencia (Cuarta Década, libro XXXI, cap. IX)

Alfonso de Palencia redactó una cuarta década que comprendía el periodo 1478-1490, y que los achaques de la edad y su fallecimiento en 1492 dejaron inconclusa. Al parecer, esta cuarta parte de los Gesta Hispaniensia se mantuvo en un discreto segundo plano, posiblemente porque mantiene un tono crítico menos contenido hacia la reina de Castilla.

Un manuscrito, presuntamente el original mechado de correcciones y notas al margen, fue visto en el siglo XVII por el bibliógrafo sevillano Nicolás Antonio en la biblioteca del monasterio de San Lorenzo de El Escorial, desapareciendo de escena posteriormente. Sin embargo, el profesor José López de Toro localizó una copia del mismo en la Colección Salazar de la Real Academia de la Historia cuya transcripción en latín editó en 1970, pero su fallecimiento dos años después obligó a publicar la traducción castellana a título póstumo tal y como la dejó en manos del impresor, sin introducción ni anotación alguna. Afortunadamente, López de Toro había juzgado oportuno enviar al Anuario de Estudios Atlánticos una selección bilingüe de los fragmentos que mencionan a Canarias, textos que la revista sacó a la luz el mismo año 1970.

En sus líneas dedicadas al Archipiélago, Alfonso de Palencia contextualiza y amplía parte de lo narrado en las crónicas e historias que describen el inicio de la conquista realenga de Canarias. Algunos aspectos de interés que Palencia relata vívidamente:

  • Las razones geoestratégicas por las que Fernando el Católico había ordenado conquistar Gran Canaria, puesta su vista en el control de las rutas del oro de Guinea.
  • La firme oposición de los indígenas grancanarios a someterse a Portugal o a Castilla, fuese por vía pacífica o bélica.
  • La fuerte segregación que caracterizaba a la sociedad guanche (Tenerife).
  • La continua actividad volcánica del Teide.
  • La fortaleza física de las mujeres palmeras.
  • La existencia de nueve ríos o grandes cauces permanentes de agua –barrancos– en Gran Canaria.
  • La preparación simultánea, tanto por parte de Castilla como de Portugal, de dos armadas destinadas a Gran Canaria –25 naves en el caso de Castilla– y a Guinea –11 naves–.
  • El sabotaje de Inés Peraza al aprovisionamiento de la flota castellana para tratar de llevar al fracaso la operación de conquista en connivencia con su yerno, el portugués Diogo da Silva, y cómo envió una criada suya a Gran Canaria para avisar a los indígenas de la inminente invasión.
  • La dispersión de la indisciplinada flota castellana al llegar a Canarias.
  • El acuerdo celebrado entre portugueses y canarios para acabar con las huestes castellanas desembarcadas y el fracaso de estos planes gracias a las condiciones atmosféricas y marítimas.
  • La victoria de la flota portuguesa sobre la enviada por Castilla a Guinea.
  • La corrupción del gobernador Pedro de la Algaba.
  • El bronco enfrentamiento entre los Herrera-Peraza y Juan Rejón.
  • El ataque castellano a un templo fortificado de los canarios situado en Tirajana (Tiriana), que una hipótesis arqueológica identifica con La Fortaleza de Santa Lucía.
  • La firma del tratado de Alcáçovas-Toledo, que puso fin a las hostilidades entre Castilla y Portugal, reconociéndole a esta el dominio de la Mina de Oro de Guinea, y a los castellanos la propiedad de las Canarias.
  • Las irreconciliables disensiones existentes entre los comandantes de la conquista y la elección de Pedro de Vera como el hombre ideal para tomar las riendas de la campaña de invasión e imponer disciplina.

Desafortunadamente, el relato de Palencia se interrumpe en el momento en que Pedro de Vera zarpa hacia Gran Canaria y Rejón envía carta al rey Fernando comunicándole que tiene controlada la situación, no pareciéndole necesaria la presencia del gobernador jerezano. Una misiva que, por maniobra de los enemigos del capitán, llega a destino demasiado tarde para impedir el curso ya conocido de los acontecimientos.

Una hipótesis arqueológica sitúa el templo canario de Umiaga / Umiaya en La Fortaleza de Santa Lucía. Alfonso de Palencia describe en su Cuarta Década el asalto castellano a un lugar sagrado en Tirajana construido a la manera de un castillo con toda clase de fortificaciones (fuente: Ravi Vijaya Satya / Google Maps).

Los tesoros perdidos de Palencia

(Sección enmendada: agradecemos al profesor José Barrios García su corrección a nuestro texto al señalar la inexistencia de la obra Mores et ritus idolatrici […] en el inventario de volúmenes que citamos a continuación.)

Otrosí con alguna suffiçientia conté las Costumbres e falsas religiones por çierto maravillosas de los canarios que moran en las yslas Fortunadas, […]

Alfonso de Palencia (Universal vocabulario en latín y en romance -1490-, fol. 548v.)

De nuestro autor conservamos la mayoría de obras escritas con título conocido, y solo unas pocas continúan en paradero ignoto, si no se han perdido irremediablemente. De estas últimas existieron dos específicamente dedicadas a Canarias.

La primera, sin duda la más valiosa desde una perspectiva etnográfica, la nombra el propio Palencia en un apéndice inserto al final del Universal vocabulario en el que hace repaso de su producción manuscrita ya finiquitada, así como de sus obras en proyecto. Dice el fragmento en versión latina que el título del trabajo que nos ocupa es:

Canariorum in insulis Fortunatis habitantium mores atque superstitiones profecto mirabiles

Que el propio autor traduce:

Costumbres e falsas religiones por çierto maravillosas de los canarios que moran en las yslas Fortunadas

Entendamos la expresión por çierto maravillosas en su antiguo sentido de ciertamente sorprendentes. En otra ocasión, Palencia reformula el título:

 Mores et ritus idolatrici incolarum insularum Fortunatarum quas Canarias apellant

Es decir:

Costumbres y ritos idolátricos de los indígenas de las islas Afortunadas que dicen de Canaria

¿Qué sabemos sobre esta obra? De su contenido, nada más allá de lo que declara el título, y esto deja en sombras el grado de influencia que haya podido tener sobre las descripciones en materia religiosa y costumbrista de los antiguos canarios ofrecidas por otros autores. Pero es indudable que, a falta de candidaturas precedentes, se trata del primer estudio netamente etnográfico sobre los indígenas insulares, a partir de informaciones recogidas presumiblemente no solo de los europeos que intervinieron en la conquista, sino también y en particular de los canarios que residían en Sevilla, especialmente en las cercanías de la Puerta de la Carne, pues existe constancia oficial de que estos seguían practicando sus costumbres y ello determinó a las autoridades regias a tomar medidas para tratar de impedir dicho comportamiento.

En cuanto a noticias sobre su último paradero, consta que Alfonso de Palencia fue autorizado por el cabildo catedralicio de Sevilla a reservar lugar para su entierro en el templo mayor, cerca de la actual Puerta del Lagarto, y a depositar allí su biblioteca privada que posiblemente incluía esta importante obra. Por su parte, fray Bartolomé de las Casas, en la Historia de las Indias, admite no tener noticia de que la obra hubiese visto la luz.

Tampoco figura en una relación de los libros pertenecientes a Isabel la Católica que se trasladaron en 1591 desde la Capilla Real de Granada al monasterio de San Lorenzo de El Escorial[1]Aunque en la introducción del volumen I de los Gesta Hispaniensia editado por los profesores Tate y Lawrance, la nota 58 afirma que la obra aparece en dicho inventario. por orden del rey Felipe II, ni en la biblioteca del monasterio consta traza alguna de la conservación de esta copia, ni se sabe de nadie que la haya tenido entre sus manos desde entonces. ¿Se halla traspapelada, como ha ocurrido con otros documentos antiguos? ¿Destruida, fuese por natural deterioro, negligencia, o por la acción de algún ortodoxo censor? ¿Pasó a engrosar los fondos de algún desconocido coleccionista? Cuestiones todas aún sin respuesta satisfactoria.

Por si no bastase un solo tesoro documental, hay indicios bastante sólidos de la existencia de una segunda joya redactada por Palencia: una crónica completa de la conquista de Canarias; se entiende que referida a Gran Canaria, pues ya sabemos que el cronista falleció en 1492, y La Palma y Tenerife fueron sometidas posteriormente.

Esta obra, ya señalada por el profesor Juan Álvarez Delgado[2]pp. 74-76. y más recientemente por el investigador Ángel Ignacio Eff-Darwich Peña[3]pp. 410-411. aparece mencionada en al menos dos catálogos: el primero, redactado por Gonzalo Argote de Molina a finales del siglo XVI, enumera parcialmente la rica biblioteca que perteneció a este erudito sevillano, en tanto que el segundo, datado en 1804, hace lo propio respecto de una colección que había pertenecido a un curioso andaluz que posiblemente no sea otro que el mismo Argote de Molina. Los volúmenes se intitulan, respectivamente, Conquistas de las islas de Canaria Conquista de las Canarias, y en ambos casos el autor taxativamente indicado es Alonso de Palencia.

Conclusión

Es evidente que la producción escrita de Alfonso de Palencia aporta, y aún ha de aportar, un caudal informativo de valor inestimable para la reconstrucción historica de los eventos que marcaron el destino de Canarias durante la segunda mitad del siglo XV, datos que se aquilatan gracias al grado razonable de veracidad que los historiógrafos atribuyen a un autor que, además de participar activamente en el contexto histórico objeto de su narración, poseía una formación intelectual que le situaba en una posición óptima para ensayar una exposición coherente de los hechos y una interpretación fundamentada de los mismos.

Por tanto, es incuestionable que la recuperación de los documentos perdidos de Palencia sobre la conquista de Canarias y las manifestaciones etnográficas de los antiguos indígenas ayudaría a resolver algunos de los múltiples enigmas que aún lastran el conocimiento preciso de esta parte esencial de la historia isleña, por lo que animamos a nuestros lectores a participar activamente en la búsqueda de estos tesoros de papel, aprovechando las enormes ventajas que depara el uso de las redes sociales, las bases de datos documentales de acceso público y la digitalización documental.

Antonio M. López Alonso

Referencias

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7 comments on “Esenciales (XIII): La Cuarta Década de Alfonso de Palencia y la obra perdida sobre las costumbres y religiones de los canarios”

  1. José Barrios Responder

    Un buen resumen de lo que sabemos sobre las obras perdidas de Alonso de Palencia. Solo una pequeña aclaración: en la relación de libros de la reina Isabel trasladados al Escorial desde la capilla Real de Granada (1591), no figura ninguna copia de Mores et ritus idolatrici (cf. Antolín 1923, vol. 5, pp. 147-155). El único ms. canario que figura en esta relación es “Otro libro, en latín, escrito de mano, en papel de a cuarto, enquadernado en tablas, yntitulado: tratado sobre la conquista de las islas de Canaria”, sobre el que se ha especulado mucho (cf. Eff-Darwich 2009: 413-414).

    • Proyecto Tarha Responder

      Gracias Pepe. La referencia aparece en el primer volumen de la edición Tate / Lawrance de Gesta Hispaniensia, en la nota 58 de la introducción. No he tenido acceso al vol. 5 de la relación editada por Antolín (en el metabuscador Archive.org solo aparecen los cuatro primeros tomos y en la web de El Escorial solo han publicado la introducción), así que no he podido cotejarla de primera mano. ¿Tú tienes acceso al vol. 5? Si es así, corrijo el artículo inmediatamente.

      Saludos,
      Antonio

  2. José Barrios Responder

    Efectivamente, tengo acceso al vol. 5 y te lo puedo confirmar con toda seguridad. También puedes ver una edición bastante correcta de la relación de 1591 en: D. C. (1872 [1591]) “Relación de los libros que se llevaron á la biblioteca del Escorial, procedentes de la Capilla Real de Granada”. El Averiguador (Madrid), núm. 42 y 43, pp. 283-287, 299-301. https://books.google.com/books?id=cxm0AAAAMAAJ&pg=RA2-PA283.
    La obra que nos interesa está en la p. 299.
    Saludos

  3. Proyecto Tarha Responder

    Perfecto. Muchísimas gracias, Pepe. Entonces se trata de una errata en Tate / Lawrance, quienes señalan la página 153 del vol. 5.
    Saludos y corrijo.

  4. Juan O. Hdez. Responder

    Este año, estudiando la voz “sansofé” en una línea de investigación que he llevado en las universidades de Lleida y La Laguna, resulta que es correctísima la transcripción y traducción que trae Marín y Cubas. Dado que es prácticamente un hápax dentro del texto historiográfico del médico teldense, inmediatamente surge la pregunta de cómo es posible que en fecha tan tardía recoja una lexía que no trae ninguna otra fuente etnohistórica anterior conocida. Y además, porque la palabra, aunque posee en algunos contextos uso toponímico, no responde a un topónimo exactamente (como supone Maximiano Trapero en su reciente “Diccionario de guanchismos”, p. 1638), sino a una fórmula de saludo matinal (asafu/isofan > “Salutation matinale / Morgengruß”, en Ritter, 2009: Wörterbuch p. 235; por metátesis al castellanizarse isofan > sansofe) que, literalmente, viene a significar algo así como: “¿qué tal te va en la soledad?”, entendiéndola como una suerte de nostalgia de la compañía o de un lugar, como sigue entendiéndose en el Sáhara, cuyas soledades desérticas convocan este sentimiento y este uso del término. Es decir, es una de las pocas voces de contenido etnográfico extenso (vinculada al amplio campo de essuf cuando la identificamos en el continente) conservadas para registrar un lexema referido de viva voz por los antiguos isleños como su costumbre para saludar o dar los buenos días, algo que solamente pudo ocurrir antes de 1550. Ello me condujo a pensar que el texto donde Marín pudo hallar un dato tan preciso debía ser algún tratado de costumbres. Como no hay ninguno que la traiga en el siglo XVI, he planteado la hipótesis de que Marín pudo haber manejado una copia manuscrita de la obra perdida de Alonso de Palencia, incorporando párrafos enteros de contenido etnográfico en su Historia. Para rechazar o confirmar esta hipótesis, me dispongo a aplicar herramientas de estilometría comparativa del texto de Marín con la obra de Alonso de Palencia, que tiene la dificultad de que este escribía sus borradores en castellano vulgar del siglo XV, pero en general los daba a impresión volcándolos en latín, con poquísimas excepciones. No existe todavía (aunque está en la agenda de investigación) una herramienta estilométrica en R que pueda contrastar la identidad textual de corpus en una lengua romance y latín. La hipótesis puede ser interesante porque significaría que parte del tratadito perdido de Alonso de Palencia pudiera haber sobrevivido dentro de la Historia de Marín. Además, para intentar explicar cómo pudo llegar a Marín ese manuscrito, sospecho que este legajo, muy deteriorado, pudo ser el “libro blanco” deshojado sin principio ni fin que describe Abreu Galindo, que se conservaba en la Catedral de Santa Ana, en Gran Canaria, trasladado a Telde quizá durante el ataque de Van der Doez de 1599 (cuando todavía Abreu escribía su obra), de manera que allí pudo haber caído en manos del médico teldense, curioso de esas antigüedades. Ello explicaría un plagio en realidad involuntario, porque cuando Marín lo pudo manejar habría estado ya desprovisto de las hojas donde se identificaba al autor. Así que pudo utilizarlo como fuente sin saber quién lo había escrito, como una reliquia re-escrita y conservada así dentro de su propia Historia. Como es sabido, el lenguaje, los datos y el estilo de Marín han resultado siempre muy llamativos por su oscuridad y enjundia. Si quiso ponerse a la altura del opúsculo que extractaba, junto con otras fuentes, quizá podamos empezar a comprender mejor ese estilo altisonante con párrafos enrevesados y deslavazados. Pero esto es una suposición y como tal la dejo abierta sin contrastar. La hipótesis de autoría, en cualquier caso, podría confirmarse o rechazarse estilométricamente, como espero publicar oportunamente.

    • Proyecto Tarha Responder

      Una hipótesis muy interesante porque es cierto que Marín de Cubas deja varias fuentes sin citar, aparte de lo que él llama “papeles sin registro”. Tal vez hasta el propio Abreu Galindo extrajo parte de sus informaciones etnográficas de la obra de Palencia. Por otro lado, muy buena idea el utilizar técnicas de reconocimiento: R es un buen paquete de software y hace falta explorar campos aún prácticamente desconectados de la historiografía (“machine learning / big data”).

      Por otro lado, si puedo ayudarte con Marín de Cubas, ahora mismo estoy preparando un trabajo sobre el manuscrito de su “Historia” de 1687. Por ahora, y no es más que una impresión personal, pienso que el estilo anárquico de Marín de Cubas es producto de si mismo, pues lo aplica a la transcripción de las citas “literales” tomadas de diversas obras. Es decir, cuando cita suele hacerlo “interpolando” los originales para adaptarlos a las expresiones de su época, y a su propia manera de expresarse, que de por sí es un tanto descuidada, sobre todo en cuanto al uso de la puntuación.

  5. Juan O. Hdez. Responder

    Muy cierto. La estilometría es imprescindible para resolver este tipo de hipótesis sobre autoría, plagio e interpolación. Podemos, por ejemplo, descubrir un párrafo o incluso frase de un autor si ha sido copiada literalmente dentro de otro texto y disponemos de un corpus suficiente para que R identifique patrones de estilo. Por ahora, en relación con la obra perdida de Alonso de Palencia, las evidencias que yo encuentro son las que he glosado: 1) sansofé es un hápax en fuente única, la Historia de Marín; 2) su transcripción y traducción son correctas, hecho que plantea cómo pudo llegar hasta él; 3) ninguna obra etnohistórica conocida de los siglos XV a XVII trae el término; 4) el opúsculo de Alonso de Palencia coincide, por la temática etnográfica expresada en el título, con el tipo de fuente que pudo contener el dato sobre sansofé. Procede, entonces, hacer una indagación estilométrica, siempre que los textos originales en castellano vulgar del siglo XV de Alonso de Palencia permitan identificar su patrón o firma estilística en R, dado que la mayoría se conocen impresos en latín o traducidos posteriormente de esa lengua.

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